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Resumen de intenciones


#EXPERIMENTACIÓN:

Blasfemicos es nuestro nombre. En realidad no: es Blasfémicos, con tilde, supongo. Aunque estoy amenazado de muerte, no puedo dejar de mencionar que varios miembros de esta nuestra organización, acuñaron el significado actual de potencialismo.

De todas formas, rara vez se menciona en esta web, blasfemicos wordpress, nada relacionado con todo esto. No. Lo que sí suele haber es preciosas poesías de Aitor Bergara Ramos y sublimes relatos de Paula Zumalacárregui Martínez.

El primero, escribió hace ya algún tiempo Surrealismo Sucio. La segunda, parece odiar a veces a Ane Zapatero, persona que por su lado puede contestar a preguntas como qué es el mandarinato, cosa que no puede decir cualquiera por ahí, oiga. El autor de Surrealismo Sucio, Aitor Bergara, también acostumbra a debatir con Ane cómo se creo el mandarinato, pero todo se suele ver frustrado por un tipo de rizos negros que irrumpe en la mayoría de reuniones con mil botellas de alcohol en sus manos. Blas no sigue las normas de un museo, pero esto ya es demasiado y están pensando en expulsarle de http://www.blasfemicos.wordpress.com.

En fin, como digo, y perdonen que me repita, Aitor Bergara es uno de los grandes de Blasfémicos Bilbao. No es que tengamos más filiales, pero queda como mucho más global, curiosamente, si dices la ciudad después del nombre. Una de las últimas ideas que se barajaron fue la de comprar un dominio, algo así como http://www.ensayo no se qué, pero esto no contestaba lo que era el mandarinato, que es en realidad, lo que trae de cabeza a muchos (cayendo incluso en el error de creer que el realismo sucio de Aitor Bergara sea así mismo el título de su poemario).

Para mí, si debo ponerme ahora sensible o de alguna forma determinada, diré que Blas es una de esas pequeñas cosas que hacen que la vida val… joder, no sé qué le pasa a mi teclado pero no me deja acabar determinadas frases. O quizá es que no tengo cojones yo de decirlo. Una especie de micro-bloqueo. ¿Es un verbo micro? ¿O sólo una partícula? A ver, algún filólogo que me conteste. No dejen que el mandarinato les extasíe como si nos encontráramos inmersos en un relato erótico.

Otra de las habituales en este nuestro blog, es Anne Le Pese-Nerfs. Especializada en post realismo, Anne opina que las pequeñas cosas son las que hacen a u… MIERDA YA CON LO DE ACABAR LAS FRASES. A ver. Lo que quería decir es que plasma en textos las pequeñas cosas de la vida.

Ínsula Pitcairn

a veces las pequeñas cosas son las que t

…rastornan.

…amizan.

…uercen.

…empalman.

theuc.

¿Saben ustedes qué es un museo imaginario? Esto es algo que también pueden encontrar en el libro Negro con el Tipo Desnudo en la Portada (Surrealismo Sucio, Bergara 2010, no el sitio, si no el Aitor). Este hombre está relacionado con blasfemicos.com como ya he mencionado ‘n’ veces, y suele andar por el bar Amarillo, Deusto, que es un sitio que te pone buenas copas pero que no tiene tirador de cerveza. Si me quieren no confundirse: Pese a lo que pudiera parecer tras leer Estertores, Aitor Bergara no tiene nada que ver con dicha revista.

“Las

caras de muñecas de porcelana

me miran, hijas de puta”

(Esto no es un relato de Aitor Bergara; Surrealismo Sucio tiene bastante más calidad que la gilipollez que me dispongo a hacer en pro de seguir el experimento que tengo entre manos.)

El león siminiani seguía durmiendo en la placidez de su guarida.

Aitor Bergara Ramos (just kidding)

Siguiendo la dinámica de los relatos de muñecas de porcelana y sin que sirva de precedente, diré que al pensar en mi calendario, (junio 2010), muñecas es lo primero que me viene a la cabeza. Puede que piensen tras esta afirmación que le de caña a las práctica anti-jeremías “Crítica no profética”, pero nada más lejos. Esto no es el cuento “La Casa Abandonada”, que es una de esas cosas que hacen llorar, textos, creo. Sí, se llaman textos en su versión más simple. Ahora que hablo de textos, recuerdo uno en concreto, una especie de instrucciones de un juego. En él venía su año de creación. ¿Alguien recuerda en qué año se creó el juego de muñecas d…? Olvídenlo. No, esta vez no ha sido mi teclado, he sido yo, presa de la apatía. Llevo horas escribiendo, ¿No se dan cuenta? Estoy convirtiendo mi cabeza en un museo imaginario, repleto de retales de tan dispar procedencia que forman poco menos que un esperpento.

Lo que a su vez me recuerda a aquel otro texto… “Decepción de una amistad”, relato por… joder, no lo recuerdo. Pero lo que sí recuerdo es algo sobre cuadros, en hiperrealismo… de magnolias. Sí, es raro, pero parecía que te iban a comer, era una especie de image 3D adelantada a la época de Avatar y toda la avalancha de mierda que nos espera.

Retomando ligeramente el tema… llevamos a cuestas el lío de acordar las normas con los museos. Yo sinceramente pienso que en su casa cada uno puede hacer lo que quiera, al fin y al cabo tu casa es una de las pequeñas cosas de esta vida, hace que te sientas seguro. Pequeña, sí, pero cara, también, no lo olviden. En ella se celebran fiestas de cumpleaños ridículas, en las que tus familiares hiper encoloniados te llenan la boca por error con muñecos estilizados para pastel de coco. El coco no es mi favorito, pero tiene la peculiaridad de que su disfrute cae en picado rapidamente, no así como otras cosas que me gustan.

Como las fiestas de Bilbao. Me gustan, no salgo menos de 14 o 15 horas cada vez que piso la calle, y eso que no he abierto panfleto de fiesta alguno. Como con todo, lo importante es la compañía, el contexto ya se adecuará a la destrucción pertinente en cada momento.

theuc


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Órdenes


Lo que pasa cuando desestabilizas el orden es que acabas escribiendo en blogs que no son tuyos. El orden de las cosas es una fina membrana que se destruye al primer impacto mínimamente intenso que recibe. Como un himen castigado por paseos a caballo o accidentes de bicicleta.

O por la primera vez que follas. Es lo que tiene ordenar tus ideas, que poco a poco fluye la mierda previamente clasificada. Qué cosas. Pues eso, en verdad le digo que estando hablando sobre un futuro próximo y sobre un más que arrepentible pasado, las cosas salen y dices: coñe. Si va a ser que me lo busco yo solo todo. Qué cosas, de nuevo, oiga.

O, si no los busca él solo, al menos su campo gravitacional atrae especialmente a ese tipo concreto de satélites. Satélites sutilmente desequilibrados. De una composición más compleja que la media. Cuya tendencia a implosionar es siempre mucho, muchísimo más difícil de mantener bajo control. ¿Sin embargo, quién quiere una aburrida bola de roca? ¿Por qué quedarse con un inmutable pedrusco cuando volátiles cuerpos gaseosos llenan tu vida de emociones y peculiares batallitas que contar?

Porque, claro, toda esa mierda, se hace con el propósito de contarla después. Si no, ¿para qué? ¿Para qué iba, el jóven y mediocremente apuesto especimen a exponerse a tal peligro, a tal grado de desgaste mental, si no fuera para poder después contárselo lastimosamente a sus congéneres y sentir la cálida mano de la compasión recorriéndole el lomo? Pues yo digo, desde mi privilegiada posición de comandante del absurdo: NO. NO. NO.

Reivindiquemos, pues, el derecho a criar pequeños gremlins emocionales con el único propósito de verlos desarrollar sus manías, cualesquiera que sean (persecutoria, obsesiva, autodestructiva). Arrojémosles baldes de agua a medianoche por el simple amor al arte, el arte de destruir el orden. Su orden. Nuestro orden.

Oh, amado orden descompuesto. Cuán anhelado eres durante el barbecho de tu germen destructor. Knull kompis para todos. Para todas. FOLLEMOS. En verdad, es justo y necesario. Culogordo. Eso le diría a una mujer de cuyo culo lo pensara. Y no: “Tienes un culo bonito”. Tan cierto es esto como el declive al que sometemos nuestras relaciones por culpa de un entorno, del cual a menudo formamos parte. Qué cosas. Somos parte del problema. Quién iba a decirlo, oiga.

Así como somos lo que comemos, también somos los bares a los que vamos. Los conciertos en los que agitamos la cabeza, la ropa que decidimos probarnos, la película por la que aceptamos pagar. Y también el tipo de situación “Oh no la he cagado” en la que nos embarcamos. “¿Qué tipo de declive le pongo hoy?” “Póngame uno rápido y doloroso, hoy me siento con ganas de escribir en el blog” “¿Está usted seguro? Nos ha llegado hoy un hastío alargado durante meses, en lonchas, muy bueno” “No, no, rápido y doloroso, gracias”.

Así que ahí estaba yo de nuevo, hincándole el diente a una maravillosa y esperada dosis de decadencia. Ñam. Oh, sí, casi puedo sentir el teclado bajo mis dedos, tenuemente humedecido por el fenómeno de condensación que se da en la lata de cerveza de la que bebo a intervalos cada vez más cortos. Sí, joder. Esta mierda es buena. Es desgracia en estado puro. Y mañana habré muerto, o no. “Pero, recuerde. No se admiten devoluciones, caballerete.”

Es inútil hacer creer a nadie (y triste intentar colárnosla a nosotros mismos) que nos metemos en pantanos sin querer. El orden de las cosas, cual himen cósmico que se regenera cada día, reconstruye la madeja de nuestra vida y nos devuelve al camino. “Caminad, pequeños, caminad. Arrojaos por aquella cuneta de ahí. Es lo vuestro”.

Y, de todas formas, quién iba a poder resistirse a formar parte de una película o de una canción alguna vez. Ya claro. Alguna vez. Pero no todas las veces. ¿No?

elster & theuc, junio ’09

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Suposiciones 1


Todo empieza aquí: http://www.20minutos.es/noticia/782887/0/conductor/mata/pelea/

Con las manos aún cubiertas de sangre, sólo queda una cosa posible: pensar rápido para prolongar la huída lo más posible. O no. Tira el gato en el asiento del copiloto, acción que hace que el asiento se manche también de sangre.

El gato hace además un extraño y golpea fuertemente la puerta con su manivela, dejando una marca. Mete primera, tras arrancar, y la canción que estaba puesta en el reproductor justo antes del golpe vuelve a sonar a todo trapo. Zombie, de The Cranberries.

No hay tiempo de quitarla, sólo de picar rueda y salir de allí cuanto antes. Atrás queda un grupo de curiosos y su crimen. Avanza a toda velocidad por la carretera y ve como la impotencia y el dolor se empequeñecen en el espejo retrovisor. Objects may appear closer than they are. Desgraciadamente para él, todo va a estar demasiado cerca esta vez.

El humo del escape no es más que un rastro imposible de ocultar, no es más que una soga que lleva atada a los pies o a la cabeza. No es más que monóxido de carbono que le ahoga, pero no lo suficiente. Todavía está a cien por hora pese a haber aparcado bajo su casa, con una rueda sobre la acera. Sube a su casa. No cierra el coche, como en las películas americanas en las que los conductores se dan a la fuga. Vaya.

Entra. No hay nadie. Abriendo la nevera caen, por el golpe que se da la puerta contra el armario, varios imanes y una hoja de papel con un dibujo en el que pone “Papi y mami”. Coge una botella de agua a medias y bebe. Vomita el líquido automáticamente y se pone a llorar. No hay tiempo. Debe aprovechar la adrenalina.

Ya. Ya sabe.

Pero no en casa. No puede ser.

Vuelve a bajar. Curiosos se arremolinan alrededor del coche, que por cierto, tras el golpe contra la acera tiene encendidas las luces de emergencia. Entra, y de nuevo quemando rueda da marcha atrás. In your head, what’s in your head. La canción se ha quedado en bucle debido a una muesca en el CD y ni se había dado cuenta hasta ahora. No hay tiempo, de nuevo, de quitar la música.

Enfila su calle hasta el final de la urbanización. Allí hay un terraplén generado por las últimas obras de unos cuantos chalets de lujo. Saltará por ahí sin el cinturón de seguridad y adiós a la tierra. Llora de nuevo. Lo siente, pero no era un buen día para tener un accidente. No era un día para las malas formas. No era un día para nada, y ya está bien. De todo.

Ve la montaña de tierra. Es sencillo: sube por la parte que usaban las excavadoras para tirar más tierra y cae desde una altura de 15 metros sobre una pila de forjados metálicos oxidados. Con un poco de suerte el coche reventará. Nada puede ir mal. Si gira en el último momento el coche dará una vuelta en el aire y quizá lo aplaste de inmediato. In your head.

Empieza a acelerar. Las ruedas patinan y tardan unos segundos en coger tracción.

El tiempo justo para que un patrol de la Guardia Civil se cruce en sus narices. Choca contra el todo terreno. 1 segundo. Se golpea la cabeza contra el volante. 2 segundos. Mira por la ventanilla y ve una pistola apuntándole a la cabeza. 3 segundos. SALGA DEL VEHÍCULO. 4 segundos. Boca abajo , esposado.

Muerto en vida. 5 segundos.

theuc

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La Catedral


Y me adentré en el umbral.

El tiempo no acompañaba, por lo que había pasado la mayor parte de la tarde en un pub oscuro y vacío, entre la Liverpool Cathedral y la Metropolitan Cathedral. Por esa zona, sólo hay viviendas de 3 alturas, con las ventanas del piso superior ciegas. Al menos en muchas de las casas. Me imagino un armario detrás, o un muro de pladur dividiendo el piso entero en dos. O una habitación totalmente sellada.

Una cámara del tiempo.

Una fosa común. Accedo por el frente de la nave principal. La puerta grande es para las grandes ocasiones. Para la blasfemia que venden muros para adentro, con sus regalitos, con sus cafecitos, con sus polladitas, con sus saraos multitudinarios copados de gente borracha y atea. Paso de largo el arcón de ofrendas y bajo directamente a las catacumbas. Todo parece estar en orden, nada ha cambiado desde la última vez.

Los muretes de las construcciones anteriores se conservan penosamente pero con cierta gloria bajo la nave del altar. Vitrinas con reliquias sagradas se desnudan en calles rojas. Petacas metálicas que me saco del bolsillo – en realidad sólo una – me dan de beber fuego americano mientras recuerdo porqué he venido y todo eso. Ya sabes. Tú, y todo eso.

Te pienso hablando de articulaciones y extensiones corporales mientras me retuerzo de dolor en una habitación húmeda y cargada de Mount Street.

Imagino cómo sería el mundo sin nosotros: parece que el aire sigue siendo respirable, parece que los rios siguen su cauce, pero nosotros, en nuestra no existencia, somos más sinceros y sobre todo más inocentes. Ya sabes. Te conté lo que decía mi abuela. La madurez, hijo, se la vas a clavar a alguien en el momento menos pensado, y te vas a arrepentir para siempre, mientras te transformas en un mocoso de nuevo. Gracias. Gracias abuela.

Pero aún así, eso no nos impidió construir a capas, a tí ni a mí, como mujer y hombre, como Ella y Él, como digo, construir por estratos nuestra experiencia, nuestra madurez. Nos habían avisado, pero claro. También nos han avisado de muchas otras cosas, y aquí estamos un sábado por la noche pisándole la cabeza con la rodilla a un francés ensangrentado para que suelte su navaja, mientras le clavas una MagLite de aluminio en las costillas y le gritas las 7 Plagas. Claro.

Nuestra memoria no deja de ser lo que es – me repito 3 veces en alto mientras guardo la petaca, ya vacía, antes de subir de nuevo a la superficie. No deja de ser una cámara del tiempo. O una fosa común.

Que al fin y al cabo es lo mismo. En una apilas recuerdos que te sobran.

En la otra, cadáveres molestos.

theuc

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Deja vu terrible


#MICRO-:

Te corriste y me soltaste:

-“Tengo novio”.

Después me corrí yo.

.

De los celos de la Nada.

Nació el amor.

.

Como vuelvas a tocarme con esas manos, con esas puntas de escarcha fina y transparente.

Como lo hagas.

Ay de tí.

.

He resultado tener 24 años en vez de 19.

Ahora de querer enseñarme, has pasado a querer escucharme.

Yo he seguido deseándote.

.

Aguantas el tipo pero creo, que de todas formas, nos lo habéis vendido de puta madre.

Andas erguida pero con cierta incertidumbre.

Ahora mismo no importa, de todas formas

ahora, sólo importa el café.

theuc

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