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Como le gusta a la señora


#RELATO: Betty cierra la puerta de la casa y da vuelta a la llave. Tres vueltas. Como le gusta a la señora, que siempre anda con miedo de que le roben las perlas. Betty se mete en el cuarto de baño, ése en el que se cambia de ropa a las 9 en punto de la mañana cada lunes, cada miércoles y cada viernes, menos los lunes, miércoles o viernes que no acude a trabajar porque está en Urgencias mintiendo sobre el copyright de su nueva colección de moratones, Sinde la perdone. Sobre las baldosas blancas rezuma una líquida mancha amarilla. ¡maldito bicho! ¡cuándo aprenderás a no orinarte donde no debes! Betty gruñe, coge papel absorbente de la cocina, se agacha entre gruñidos, limpia  sin remilgos el suelo de orín de gato y tira el empapado papel a la papelera. Le empiezan a gruñir las tripas porque  ha desayunado poco, por las náuseas, pero ahora tiene hambre y de repente se ha acordado de los rollitos de primavera. a ver si no me olvido de comprar salsa de soja de camino al metro, están SABROSOS con salsa de soja, sin salsa de soja apenas si tienen gusto.

Betty, enfundada en su bata de trabajo, saca la aspiradora del armario del tendedero y la conecta al enchufe del salón. Entonces canta su canción de pasar la aspiradora, canta de mi tierra beeella, PARA-PÁ!, de mi tierra saaaanta,  PARA-PÁ!, oyó ese grito de los tambores y los timbales al cumbancharrr… esa cansión que canta un hermaaaano, nanananana… (…) …yyyy se le escucha penaarrrr. pa-parapa LAAAA TIERRA TE DUEELE! LAAAAA TIERRA TE DAA! EEENMEDIO DEL AAALMA CUAAANDO TU NO ESTÁS… LAAATIERRA nanana… DEEE RAÍS Y CAL! LAAA TIERRA SUSPIRAA… cuaaando tú te vas (¿?). Cuando la letra le presenta problemas, Betty se arranca a bailar mientras la aspiradora se le vuelve loca. Una vez, cuando acababa de llegar a aquella casa, rompió un jarrón chino de un caderazo y la señora se lo descontó del sueldo. Pero es que Betty es una mujer apasionada e impulsiva. O una mujer que no aprende.

Después de pasar la aspiradora por toda la casa, Betty vuelve a dejarla en su sitio en el tendedero y coge el bote de los botes de limpieza, además de las bayetas y mopas necesarias. El cuarto de la señora está lleno de espejos; sólo hay una pared que es pared de verdad, y está cubierta por un cuadro con el que Betty tiene que tener “sumo cuidado”. A Betty le gusta mucho la pintura, pero prefiere los cuadros que cuentan historias, esos en los que salen personas, animales o paisajes. ay, no, yo estas rayas feas no las entiendo. ¡qué tristesa de colores! si yo tuviera la pasta de la señora María compraría no más cuadros vistositos de alegres colores. No puede evitar poner voz a sus pensamientos cuando se ve a sí misma desde todos los ángulos posibles. Tampoco puede evitar imaginar lo que sería hacerle el amor a Juan mientras se ve a sí misma desde todos los ángulos posibles. Pero a Betty ya se le ha olvidado lo que es hacerle el amor a su marido. Se le olvidó poco después de venirse ella sola a España.

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La bufanda roja


#RELATO: -¿Dónde está la bufanda? ¡Sí, la roja! ¡La que te compré en el extranjero! ¿Dónde va a ser? ¡En Berlín! ¿No te acuerdas? Fue carísima, y eso que no tenía apenas dinero cuando te la compré… ¿De verdad que no te acuerdas? ¿De verdad? ¿Por qué? Ya, ya lo sé. Pero recuerdas otras cosas mucho menos importantes. ¿Cómo? Para mí fue importante comprártela. No cené durante varios días para comprártela. ¡Volví de Alemania para dártela!  ¿Cómo puedes no acordarte, si sólo fue hace veinte años? ¿No? ¿Seguro que no? Es cierto, puede que fuera hace más de veinte años. No me acuerdo de lo que me costó. No. Pero era cara, muy cara. Y estaba en aquel escaparate, en Berlín. Yo siempre la veía cuando iba a la fábrica. ¡Sabía que te gustaría! ¡Lo sabía! Esa bufanda roja no dejaba de mirarme, y yo sabía que tú la necesitabas más que las mujeres alemanas, con el frío que hace aquí en invierno. Encima, en invierno. Y eso que yo ya sé que al jefe de la fábrica no le gustó echarme. No le gustó, pero tuvo que hacerlo, claro. A veces pienso que mereció la pena, ¿sabes? La bufanda era tan roja, tan bonita… A él no le gustó echarme, era un hombre honrado, el tal Heinrich. Heinrich no-sé-qué. Era buena persona, casi simpático. Cuando hacía frío nos daba café caliente por las mañanas a los obreros. ¡Incluso a los españoles, imagínate! Hacía mucho frío en Berlín, ¿sabes? Por eso robé la bufanda roja, por eso, y te la traje, para ti. ¿No sabes dónde está? ¿Seguro que no? ¿Te he dicho ya que volví de Alemania para traértela?

Ane Zapatero

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