#FELICES FIESTAS

¡bLaS!, desea a tod@s sus lectores, colaboradores, soci@s y amig@s unas felices fiestas.

Y a continuación… para que no se olviden de ¡bLaS! durante sus fiestas navideñas el villancico más vanguardista jamás creado:

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Insula (ix)


#OTROS:

Siempre éramos los mismos. No nos conocíamos, no nos hablábamos, incluso evitábamos cruzar nuestras miradas cuando, envueltos en flujos de caminantes, nos cruzábamos por las calles de Copenhague. No lo sabían pero nos habíamos convertido en una suerte de club de la serpiente en el que ninguno de sus miembros quería reconocer la pertenencia al mismo. Aquella tarde nos reunimos de nuevo inconscientemente ajenos a nuestra naturaleza de grupúsculo desorganizado. Aparecimos en una librería que se había ganado cierta reputación entre los bohemios y los estudiosos, uno de aquellos lugares en el que se mezclan estudiantes y catedráticos, revolucionarios y jubilados e incluso amantes y adúlteros que pretenden teñir su vida con un toque de intelectualidad.

Sólo María conocía nuestros nombres, sólo ella nos observaba entrar y deslizarnos entre las estanterías y los libros viejos. Nunca preguntó más de lo necesario porque sus ojos no necesitaban hacerlo. Le bastaba analizar nuestra danza por los laberínticos pasillos de la librería, por sus sótanos y sus escaleras repletas de palabras que nunca más volverían a ser leídas. Nos seguía con sigilo.  La presencia de su cuerpo plano y fino y de su sonrisa eterna nos guiaba hasta libros o papeles olvidados que algún estudiante había querido intercambiar por aquellos insoportables tratados de filosofía de la cultura que  los catedráticos amargados les habían obligado a comprar. Ella fue la que me ayudó a encontrar las memorias de Pedro Fernández de Quirós, el primer occidental que avistó mi destino y mi locura.

Aquella tarde me regaló un antiguo número del Atoll Research Bulletin, mecanografiado que había encontrado entre los papeles de un viejo que, hacía una semana, había decidido dejar Copenhague, dejar este mundo, olvidando para siempre más de una tonelada de papel en su habitación.

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Cuatro esquinitas tiene mi cama


#RELATO:

Me he pintado las uñas de fucsia. Veo mis manos bailar claqué sobre la almohadilla de mi anémico ordenador y no me las reconozco. Son manos de señora endomingada, de vieja vestida de lolita, de carnicera. Pero ahora no tienen remedio. Ni importan. Hoy sólo importan tus uñas, tus dedos, tus manos bailando claqué, tecleando  las anémicas almohadillas de mis pies.

Acaricio con mi lengua los ángeles que duermen en el cielo de tu paladar. Y se me olvidan la lista de la compra y la ropa de la lavadora. Y pienso en arañas con botines recorriendo a hurtadillas las corvas de tus piernas, las corvas de mis piernas, el lugar donde encajan perfectas tus-mis rodillas. Pero recibes una llamada y dejas de besarme y me das las buenas noches y te vuelves para tu casa. Y yo pienso en las arañas descalzándose, desvistiéndose, terminando su jornada laboral, recogiendo el hilo sobre la madeja, reposando sus ocho patas en alto, masajeando sus tobillos, contentas de haber terminado tan pronto hoy.

De pronto me vienen a la memoria las arañas de mi infancia, que tenían sólo siete pies. Creo que me doy tanta pena que mi cerebro se empeña en distraerme de mí misma. Y ahora pienso en un par de botes de lentejas, limones, naranjas, perejil y en la ropa blanca que se amontona en el cesto. Pero todo es en vano. Y pienso que eso rima con abano, enano, banano…

Qué cara me ha salido la canguro. Y el sostén de color añil, un poco hortera, un poco puta, un poco caro.

Me desmaquillo ante el espejo. Me desnudo y me pongo el pijama. Pienso en cómo basta una llamada para hacerme caer de morros. Equilibrio metaestable.

Minade Carbón

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Habemus buclem


#MICRO-:

#RELATO:

Levantó los ojos del texto y paseó su mirada por la plaza, enardecida de fieles. Aspiró el olor sorprendente del triunfo en la noche romana. Le asaltaron los recuerdos de su infancia sepultada tras los muros del seminario menor, cuando empezó a fraguar su proyecto en las largas vigilias del tedio cantado. Recordó la leve excitación del primer atisbo, en una moribunda clase de Derecho canónico. Aquella sospecha mínima, que creció al contacto con los silogismos de Aristóteles, se convirtió en el centro incofesado de su determinación. Sus votos, primero, y su ascenso callado y tenaz, después, le deparaban tanto mayor placer cuanto más desconocida era su razón última para quienes lo congratulaban. La Cristiandad católica celebraba ahora su elección, jubilosa, esperanzada, e ignorante de lo que estaba a punto de suceder.

Levantó lentamente la mano derecha, con gesto de solemne descuido, y esperó a que se hiciera el silencio. Se humedeció los labios y continuó leyendo la primera proclama de su pontificado. Había llegado al párrafo decisivo:

Y por eso Nos, observamos con alegre obediencia el santo ejemplo de quienes Nos precedieron y confesamos la recta doctrina de la infalibilidad del Papa, y nos complacemos en sentar magisterio infalible, con la asistencia del Espíritu, en esta solemne ocasión de inicio de Nuestro pontificado, declarando doctrina firme y santa de la Iglesia la siguiente Verdad: Que todo cuanto han dicho los Papas hasta el día de hoy, y cuanto digan desde hoy y hasta el fin de los tiempos, incluida esta proclama, no sólo es falible, sino falso en acto.

Llegado a este punto, dejó una larga pausa, para asegurarse de que el mensaje calaba en la atónita muchedumbre que tenía en frente. Cuando estuvo seguro añadió, con una franca sonrisa:

Y si alguno lo niega, sea anatema.

Jaime

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Jetz- Zeit


 

#POESÍA:

 

He vuelto a despertarme
lejos de lo que antes era mi casa.

Oigo sonar un reloj de cuco
e inmediatamente después
redibujo la silueta de mi madre.
Se dispone a dar cuerda al tiempo pasado
-para que siga pasando
y no detenga también el presente.

 

Este lugar
tan lejos
como digo
de mi casa o mi antigua casa
no alberga miradas
por completo desconocidas.

En realidad
no sé si me explico:
aquí tampoco se habla de esperanza
y
sin embargo
la ausencia del discurso
nos bautiza como hacedores
de la más peligrosa metafísica.

Más bien
-y creo que sigo sin explicarme-
el lugar de la esperanza
ha sido reocupado
por el sonido del tiempo presente
que tiene ahora voz de cuco.

 

Anne -Le Pése -Nerfs.

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Insula (viii)


#OTROS:

Me marché de allí con demasiados martinis en la sangre, intentando desprenderme de las imágenes que aquel loco se había tomado el permiso de alojar en mi cabeza. Echó a perder su vida por el ano de una ramera. El alcohol me empujaba irremediablemente a desentrañar aquél pensamiento tan simple. Su vida, la que podría haber sido la feliz vida de un hombre retirado de aquellos que plantaban pequeños huertos de fresas en la vecina jutlandia, se había perdido en las profundidades de una obsesión. Mientras se hundía en aquella mujer prohibida su vida desaparecía en el más denso de los fangos. Aquél hombre no moriría en una casa rodeada de campos de fresa ni en los brazos de alguien que cometió el error de amarle. Moriría sólo y torturado o quizá en los brazos de una puta o de su puta, hundido en sus vísceras. Mientras caminaba indagando las razones últimas que empujaban a los cuerpos humanos a situaciones absurdas todo el mundo me era ajeno. Durante esos minutos – tal vez horas – dudé. El bueno de Harold había desencadenado en mí con su historia de putas, adulterios y culos pensamientos encontrados en los que Sócrates bebía martinis y Alcibíades perdía la cabeza por el esfínter de una jovencita ateniense. Desperté en mi cama cuando el sol se ponía en Copenhague.

Ella leía, absorta, sentada en el alféizar de mi ventana.

 


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Cuadros (I)


#OTROS:

 

Incon-teen-encia Verborreica.

Quizá podría ocurrirte, ahora que ya tienes quince. Aunque no deja de sorprenderte todo lo que vas descubriendo. Dicen: Que los reveses de la vida no son sino tus propios pensamientos. Que no es lo que te ocurre, es cómo tú lo percibes. Tú dices: Que no es suficiente lo que saben, porque no saben nada. Que quieres, pero no debes -ni puedes- querer a quienes tú quieres. Porque el corazón se parte pero no se divide, que no es lo mismo. Que eso es un lujo. Porque hay cosas que no están bien. ¿Que no deseas sino lo que quieres desear? Pero para ti el deseo no entiende de normas, es indómito. Que buscas y encuentras. Pero no es lo que buscabas. Y a veces tú te lo buscas y entonces sí lo encuentras. Y que vagas de nuevo, aún cuando creías que ahora empezarías a tener el control. Y que no es lo mismo vivir que estar vivo. Y que tú estás muy viva, demasiado viva, pero no eres viva. Porque ser y estar no es lo mismo salvo en inglés. Pero tú no hablas idiomas. Los idiomas hablan y no dicen lo que quieres decir. Porque nunca hay palabras para eso. Sólo signos, símbolos convencionales, preestablecidos por unos, por todos, por alguien, por otros. Y tú no dices lo que quieres porque no quieres decirlo. Porque quieres y no puedes y no siempre el querer es poder. Puedes. Puedes callar, una vez más.  Que tienes derecho a permanecer en silencio o todo lo que digas podrá ser usado en tu contra.

Minade Carbón

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