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#FELICES FIESTAS

¡bLaS!, desea a tod@s sus lectores, colaboradores, soci@s y amig@s unas felices fiestas.

Y a continuación… para que no se olviden de ¡bLaS! durante sus fiestas navideñas el villancico más vanguardista jamás creado:

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Zarzas


#RELATO:

Soñamos, mientras el sol se iba, que todo habría sido más fácil de haber tenido caballos y el pelo largo. Pensé, podríamos cabalgar tan rápido que la música sonaría sola, vibrando en los rojos del cielo y en las rocas que rápidamente se enfrían, expuestas al viento de la estepa. Entonces tú abriste los ojos bordeados de gris, con el vestido aún levantado, y el preámbulo a tu voz tuvo lugar, y después tu voz. Y no supe decir qué parte es mi favorita. Las corrientes de aire no nos alcanzaban a esta altura del ciprés, por más que nos buscaran. Por eso podías tener tus piernas de bronce y leche al aire sin que se erizaran, y yo podía entonces enterrar mis manos entre ellas con más facilidad que en aquellas mañanas de invierno y perros silenciosos.

Hablabas. Decías, déjate el pelo largo, que las agujas se enreden en tus nudos, que las hebras fluyan y bailen y no podamos distinguir dónde acaba mi cabeza y dónde empieza la tuya. Reí y te besé en la oreja y después en la rodilla. Y nos imaginé como un círculo de pelo negro y piel roja, una serpiente mordiéndose la cola. Pero nuestros límites son claros y luminosos y nos amamos más cuando unirnos es tarea complicada. Como cuando tu padre cierra todos los postigos y tengo que arreglármelas trepando por tu limonero, calculando los salientes que aún se mantienen fieles a la argamasa, evitando que vuestro murciélago me oiga. O como cuando vas, manta sobre los hombros, a confesarte o a por tomates maduros, corriendo como una loca, como un corzo, para poder regalarme diez minutos en el arenal del camino viejo.

Cerraste otra vez los ojos a medida que los pájaros se alejaban de nosotros. Y me dejaste solo, imaginando, con el peso de tu cabeza entre mis manos, que me alzaba en medio de la plaza, golpeando cazuelas, despertando a todos, sacándolos de sus gruesas casas. Agitaría los brazos y gritaría en la cara del alcalde y todos tendrían que entender. Pero tú no quieres. Dices, en suspiros, déjales estar seguros de las cosas. Déjales que inventen y murmuren sobre otros, mientras tú y yo dormimos entre las zarzas. Y es que sabes que, en parte, me amas porque siempre te han dicho que no puedes.

elster

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