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Resumen de intenciones


#EXPERIMENTACIÓN:

Blasfemicos es nuestro nombre. En realidad no: es Blasfémicos, con tilde, supongo. Aunque estoy amenazado de muerte, no puedo dejar de mencionar que varios miembros de esta nuestra organización, acuñaron el significado actual de potencialismo.

De todas formas, rara vez se menciona en esta web, blasfemicos wordpress, nada relacionado con todo esto. No. Lo que sí suele haber es preciosas poesías de Aitor Bergara Ramos y sublimes relatos de Paula Zumalacárregui Martínez.

El primero, escribió hace ya algún tiempo Surrealismo Sucio. La segunda, parece odiar a veces a Ane Zapatero, persona que por su lado puede contestar a preguntas como qué es el mandarinato, cosa que no puede decir cualquiera por ahí, oiga. El autor de Surrealismo Sucio, Aitor Bergara, también acostumbra a debatir con Ane cómo se creo el mandarinato, pero todo se suele ver frustrado por un tipo de rizos negros que irrumpe en la mayoría de reuniones con mil botellas de alcohol en sus manos. Blas no sigue las normas de un museo, pero esto ya es demasiado y están pensando en expulsarle de http://www.blasfemicos.wordpress.com.

En fin, como digo, y perdonen que me repita, Aitor Bergara es uno de los grandes de Blasfémicos Bilbao. No es que tengamos más filiales, pero queda como mucho más global, curiosamente, si dices la ciudad después del nombre. Una de las últimas ideas que se barajaron fue la de comprar un dominio, algo así como http://www.ensayo no se qué, pero esto no contestaba lo que era el mandarinato, que es en realidad, lo que trae de cabeza a muchos (cayendo incluso en el error de creer que el realismo sucio de Aitor Bergara sea así mismo el título de su poemario).

Para mí, si debo ponerme ahora sensible o de alguna forma determinada, diré que Blas es una de esas pequeñas cosas que hacen que la vida val… joder, no sé qué le pasa a mi teclado pero no me deja acabar determinadas frases. O quizá es que no tengo cojones yo de decirlo. Una especie de micro-bloqueo. ¿Es un verbo micro? ¿O sólo una partícula? A ver, algún filólogo que me conteste. No dejen que el mandarinato les extasíe como si nos encontráramos inmersos en un relato erótico.

Otra de las habituales en este nuestro blog, es Anne Le Pese-Nerfs. Especializada en post realismo, Anne opina que las pequeñas cosas son las que hacen a u… MIERDA YA CON LO DE ACABAR LAS FRASES. A ver. Lo que quería decir es que plasma en textos las pequeñas cosas de la vida.

Ínsula Pitcairn

a veces las pequeñas cosas son las que t

…rastornan.

…amizan.

…uercen.

…empalman.

theuc.

¿Saben ustedes qué es un museo imaginario? Esto es algo que también pueden encontrar en el libro Negro con el Tipo Desnudo en la Portada (Surrealismo Sucio, Bergara 2010, no el sitio, si no el Aitor). Este hombre está relacionado con blasfemicos.com como ya he mencionado ‘n’ veces, y suele andar por el bar Amarillo, Deusto, que es un sitio que te pone buenas copas pero que no tiene tirador de cerveza. Si me quieren no confundirse: Pese a lo que pudiera parecer tras leer Estertores, Aitor Bergara no tiene nada que ver con dicha revista.

“Las

caras de muñecas de porcelana

me miran, hijas de puta”

(Esto no es un relato de Aitor Bergara; Surrealismo Sucio tiene bastante más calidad que la gilipollez que me dispongo a hacer en pro de seguir el experimento que tengo entre manos.)

El león siminiani seguía durmiendo en la placidez de su guarida.

Aitor Bergara Ramos (just kidding)

Siguiendo la dinámica de los relatos de muñecas de porcelana y sin que sirva de precedente, diré que al pensar en mi calendario, (junio 2010), muñecas es lo primero que me viene a la cabeza. Puede que piensen tras esta afirmación que le de caña a las práctica anti-jeremías “Crítica no profética”, pero nada más lejos. Esto no es el cuento “La Casa Abandonada”, que es una de esas cosas que hacen llorar, textos, creo. Sí, se llaman textos en su versión más simple. Ahora que hablo de textos, recuerdo uno en concreto, una especie de instrucciones de un juego. En él venía su año de creación. ¿Alguien recuerda en qué año se creó el juego de muñecas d…? Olvídenlo. No, esta vez no ha sido mi teclado, he sido yo, presa de la apatía. Llevo horas escribiendo, ¿No se dan cuenta? Estoy convirtiendo mi cabeza en un museo imaginario, repleto de retales de tan dispar procedencia que forman poco menos que un esperpento.

Lo que a su vez me recuerda a aquel otro texto… “Decepción de una amistad”, relato por… joder, no lo recuerdo. Pero lo que sí recuerdo es algo sobre cuadros, en hiperrealismo… de magnolias. Sí, es raro, pero parecía que te iban a comer, era una especie de image 3D adelantada a la época de Avatar y toda la avalancha de mierda que nos espera.

Retomando ligeramente el tema… llevamos a cuestas el lío de acordar las normas con los museos. Yo sinceramente pienso que en su casa cada uno puede hacer lo que quiera, al fin y al cabo tu casa es una de las pequeñas cosas de esta vida, hace que te sientas seguro. Pequeña, sí, pero cara, también, no lo olviden. En ella se celebran fiestas de cumpleaños ridículas, en las que tus familiares hiper encoloniados te llenan la boca por error con muñecos estilizados para pastel de coco. El coco no es mi favorito, pero tiene la peculiaridad de que su disfrute cae en picado rapidamente, no así como otras cosas que me gustan.

Como las fiestas de Bilbao. Me gustan, no salgo menos de 14 o 15 horas cada vez que piso la calle, y eso que no he abierto panfleto de fiesta alguno. Como con todo, lo importante es la compañía, el contexto ya se adecuará a la destrucción pertinente en cada momento.

theuc


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Órdenes


Lo que pasa cuando desestabilizas el orden es que acabas escribiendo en blogs que no son tuyos. El orden de las cosas es una fina membrana que se destruye al primer impacto mínimamente intenso que recibe. Como un himen castigado por paseos a caballo o accidentes de bicicleta.

O por la primera vez que follas. Es lo que tiene ordenar tus ideas, que poco a poco fluye la mierda previamente clasificada. Qué cosas. Pues eso, en verdad le digo que estando hablando sobre un futuro próximo y sobre un más que arrepentible pasado, las cosas salen y dices: coñe. Si va a ser que me lo busco yo solo todo. Qué cosas, de nuevo, oiga.

O, si no los busca él solo, al menos su campo gravitacional atrae especialmente a ese tipo concreto de satélites. Satélites sutilmente desequilibrados. De una composición más compleja que la media. Cuya tendencia a implosionar es siempre mucho, muchísimo más difícil de mantener bajo control. ¿Sin embargo, quién quiere una aburrida bola de roca? ¿Por qué quedarse con un inmutable pedrusco cuando volátiles cuerpos gaseosos llenan tu vida de emociones y peculiares batallitas que contar?

Porque, claro, toda esa mierda, se hace con el propósito de contarla después. Si no, ¿para qué? ¿Para qué iba, el jóven y mediocremente apuesto especimen a exponerse a tal peligro, a tal grado de desgaste mental, si no fuera para poder después contárselo lastimosamente a sus congéneres y sentir la cálida mano de la compasión recorriéndole el lomo? Pues yo digo, desde mi privilegiada posición de comandante del absurdo: NO. NO. NO.

Reivindiquemos, pues, el derecho a criar pequeños gremlins emocionales con el único propósito de verlos desarrollar sus manías, cualesquiera que sean (persecutoria, obsesiva, autodestructiva). Arrojémosles baldes de agua a medianoche por el simple amor al arte, el arte de destruir el orden. Su orden. Nuestro orden.

Oh, amado orden descompuesto. Cuán anhelado eres durante el barbecho de tu germen destructor. Knull kompis para todos. Para todas. FOLLEMOS. En verdad, es justo y necesario. Culogordo. Eso le diría a una mujer de cuyo culo lo pensara. Y no: “Tienes un culo bonito”. Tan cierto es esto como el declive al que sometemos nuestras relaciones por culpa de un entorno, del cual a menudo formamos parte. Qué cosas. Somos parte del problema. Quién iba a decirlo, oiga.

Así como somos lo que comemos, también somos los bares a los que vamos. Los conciertos en los que agitamos la cabeza, la ropa que decidimos probarnos, la película por la que aceptamos pagar. Y también el tipo de situación “Oh no la he cagado” en la que nos embarcamos. “¿Qué tipo de declive le pongo hoy?” “Póngame uno rápido y doloroso, hoy me siento con ganas de escribir en el blog” “¿Está usted seguro? Nos ha llegado hoy un hastío alargado durante meses, en lonchas, muy bueno” “No, no, rápido y doloroso, gracias”.

Así que ahí estaba yo de nuevo, hincándole el diente a una maravillosa y esperada dosis de decadencia. Ñam. Oh, sí, casi puedo sentir el teclado bajo mis dedos, tenuemente humedecido por el fenómeno de condensación que se da en la lata de cerveza de la que bebo a intervalos cada vez más cortos. Sí, joder. Esta mierda es buena. Es desgracia en estado puro. Y mañana habré muerto, o no. “Pero, recuerde. No se admiten devoluciones, caballerete.”

Es inútil hacer creer a nadie (y triste intentar colárnosla a nosotros mismos) que nos metemos en pantanos sin querer. El orden de las cosas, cual himen cósmico que se regenera cada día, reconstruye la madeja de nuestra vida y nos devuelve al camino. “Caminad, pequeños, caminad. Arrojaos por aquella cuneta de ahí. Es lo vuestro”.

Y, de todas formas, quién iba a poder resistirse a formar parte de una película o de una canción alguna vez. Ya claro. Alguna vez. Pero no todas las veces. ¿No?

elster & theuc, junio ’09

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Sin título


Sin pena, sin gloria.

– Me llamo theuc, y soy idiota.

(mucha gente) – Hola, theuc.

– Hola. Resulta que he ido por la vida pensando cosas digamos “raras” en los peores momentos. También he dedicado no poco esfuerzo a dar explicación a situaciones que para los demás eran normales o incluso adecuadas. Las conclusiones a las que llegué no me gustaron en absoluto, primero porque eran negativas en sí, segundo porque según los demás, eran precipitadas. Paranoicas también he llegado a oír.

Un par de toses al fondo. Después, nada.

– He ofendido por no saber entender. Después, mientras trataba de llegar a la misma conclusión, sin éxito, con el ánimo de conseguir a través de la empatía lo que no había logrado a través de la lógica, me hundí. Los demás salían del Pequeño Pozo agarrándose a las paredes, pero yo no fui capaz de trepar.

– Continúa, theuc.

– Sí, continúa.

– De acuerdo. Así que simplemente, lo que hice, es lo que muchos de vosotros seguro que también probasteis en su momento para daros cuenta acto seguido que es inútil, inservible: Pasé de todo. Me cerré en banda y dejé que la apatía y el tiempo hicieran el resto, veía a los demás hundirse y asentía con la cabeza o preguntaba chorradas sin objetivo alguno. Veía a otros superar sus mierdas también, y ni siquiera la envidia afloraba. Quizá algún sábado por la noche sí, pero nada concluyente. Sólo estupideces. Idioteces.

La apatía por sí sola, incluso en su inutilidad, es poca cosa como muchos sabréis. Tienes que bloquear todo estímulo que no seas capaz de controlar para que tenga algo de efecto: También lo hice. Y nada. Y diréis: ¿Porqué, theuc?

– ¿Porqué, theuc?

– Pues porque el único que estás en el Pequeño Pozo, como un verdadero cretino, eres tú. El resto de gente se ha ido a sus casas con sus maridos, mujeres, hijos y gatos y viven ya ajenos a esta aparente tontería. Por eso les sorprende asomarse de vez en cuando, y verte todavía ahí en el pozo. Te hablan como si no hubiera pozo pero con la sensación en la espina dorsal de quien habla con alguien sin brazos o sin piernas o con una cicatriz enorme surcándole la cara. Te hablan con ese atrevimiento obsceno de quien se sabe en otra puta situación en la que habrá otros pozos, pero no este del que ellos salieron y tú no, intentando ocultar la mezcla entre desdén y lástima. ¿Sabéis lo que sentía yo en ese momento?

– No. ¿Qué sentías?

– Idiotez. Me sentía idiota a niveles insospechados. Me sentía idiota primero porque ni la apatía ni el tiempo funcionaban en absoluto. Me sentía idiota por ser el único en el Pequeño Pozo que todavía está intentando entender qué mierda está pasando y cómo llegué allí. Me sentía idiota por el tratamiento desdeñoso y falsamente condescendiente. De hecho no había condescendencia alguna. Sólo lástima proyectada. Me sentía idiota también, por nuevos y más elaborados motivos por los que pensar idioteces. Y de nuevo por todo lo mencionado anteriormente.

– Y qué podemos hacer. Estamos todos igual. Todos…

– Ya lo sé. No os traigo ni una historia ni un mensaje de esperanza. Hasta ahora lo único que saco en claro que es que no hay ningún error en el hecho de que una anestesia duela al ser aplicada. Ninguno. Y además, es tan cierto tanto que ese dolor va a desaparecer enseguida, como que la anestesia en sí va a desvanecerse también en poco tiempo.

– …

– Voy a seguir siendo idiota un rato más. Quizá hasta que muera, o no. Quién sabe. Hasta luego.

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Suposiciones 1


Todo empieza aquí: http://www.20minutos.es/noticia/782887/0/conductor/mata/pelea/

Con las manos aún cubiertas de sangre, sólo queda una cosa posible: pensar rápido para prolongar la huída lo más posible. O no. Tira el gato en el asiento del copiloto, acción que hace que el asiento se manche también de sangre.

El gato hace además un extraño y golpea fuertemente la puerta con su manivela, dejando una marca. Mete primera, tras arrancar, y la canción que estaba puesta en el reproductor justo antes del golpe vuelve a sonar a todo trapo. Zombie, de The Cranberries.

No hay tiempo de quitarla, sólo de picar rueda y salir de allí cuanto antes. Atrás queda un grupo de curiosos y su crimen. Avanza a toda velocidad por la carretera y ve como la impotencia y el dolor se empequeñecen en el espejo retrovisor. Objects may appear closer than they are. Desgraciadamente para él, todo va a estar demasiado cerca esta vez.

El humo del escape no es más que un rastro imposible de ocultar, no es más que una soga que lleva atada a los pies o a la cabeza. No es más que monóxido de carbono que le ahoga, pero no lo suficiente. Todavía está a cien por hora pese a haber aparcado bajo su casa, con una rueda sobre la acera. Sube a su casa. No cierra el coche, como en las películas americanas en las que los conductores se dan a la fuga. Vaya.

Entra. No hay nadie. Abriendo la nevera caen, por el golpe que se da la puerta contra el armario, varios imanes y una hoja de papel con un dibujo en el que pone “Papi y mami”. Coge una botella de agua a medias y bebe. Vomita el líquido automáticamente y se pone a llorar. No hay tiempo. Debe aprovechar la adrenalina.

Ya. Ya sabe.

Pero no en casa. No puede ser.

Vuelve a bajar. Curiosos se arremolinan alrededor del coche, que por cierto, tras el golpe contra la acera tiene encendidas las luces de emergencia. Entra, y de nuevo quemando rueda da marcha atrás. In your head, what’s in your head. La canción se ha quedado en bucle debido a una muesca en el CD y ni se había dado cuenta hasta ahora. No hay tiempo, de nuevo, de quitar la música.

Enfila su calle hasta el final de la urbanización. Allí hay un terraplén generado por las últimas obras de unos cuantos chalets de lujo. Saltará por ahí sin el cinturón de seguridad y adiós a la tierra. Llora de nuevo. Lo siente, pero no era un buen día para tener un accidente. No era un día para las malas formas. No era un día para nada, y ya está bien. De todo.

Ve la montaña de tierra. Es sencillo: sube por la parte que usaban las excavadoras para tirar más tierra y cae desde una altura de 15 metros sobre una pila de forjados metálicos oxidados. Con un poco de suerte el coche reventará. Nada puede ir mal. Si gira en el último momento el coche dará una vuelta en el aire y quizá lo aplaste de inmediato. In your head.

Empieza a acelerar. Las ruedas patinan y tardan unos segundos en coger tracción.

El tiempo justo para que un patrol de la Guardia Civil se cruce en sus narices. Choca contra el todo terreno. 1 segundo. Se golpea la cabeza contra el volante. 2 segundos. Mira por la ventanilla y ve una pistola apuntándole a la cabeza. 3 segundos. SALGA DEL VEHÍCULO. 4 segundos. Boca abajo , esposado.

Muerto en vida. 5 segundos.

theuc

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La Catedral


Y me adentré en el umbral.

El tiempo no acompañaba, por lo que había pasado la mayor parte de la tarde en un pub oscuro y vacío, entre la Liverpool Cathedral y la Metropolitan Cathedral. Por esa zona, sólo hay viviendas de 3 alturas, con las ventanas del piso superior ciegas. Al menos en muchas de las casas. Me imagino un armario detrás, o un muro de pladur dividiendo el piso entero en dos. O una habitación totalmente sellada.

Una cámara del tiempo.

Una fosa común. Accedo por el frente de la nave principal. La puerta grande es para las grandes ocasiones. Para la blasfemia que venden muros para adentro, con sus regalitos, con sus cafecitos, con sus polladitas, con sus saraos multitudinarios copados de gente borracha y atea. Paso de largo el arcón de ofrendas y bajo directamente a las catacumbas. Todo parece estar en orden, nada ha cambiado desde la última vez.

Los muretes de las construcciones anteriores se conservan penosamente pero con cierta gloria bajo la nave del altar. Vitrinas con reliquias sagradas se desnudan en calles rojas. Petacas metálicas que me saco del bolsillo – en realidad sólo una – me dan de beber fuego americano mientras recuerdo porqué he venido y todo eso. Ya sabes. Tú, y todo eso.

Te pienso hablando de articulaciones y extensiones corporales mientras me retuerzo de dolor en una habitación húmeda y cargada de Mount Street.

Imagino cómo sería el mundo sin nosotros: parece que el aire sigue siendo respirable, parece que los rios siguen su cauce, pero nosotros, en nuestra no existencia, somos más sinceros y sobre todo más inocentes. Ya sabes. Te conté lo que decía mi abuela. La madurez, hijo, se la vas a clavar a alguien en el momento menos pensado, y te vas a arrepentir para siempre, mientras te transformas en un mocoso de nuevo. Gracias. Gracias abuela.

Pero aún así, eso no nos impidió construir a capas, a tí ni a mí, como mujer y hombre, como Ella y Él, como digo, construir por estratos nuestra experiencia, nuestra madurez. Nos habían avisado, pero claro. También nos han avisado de muchas otras cosas, y aquí estamos un sábado por la noche pisándole la cabeza con la rodilla a un francés ensangrentado para que suelte su navaja, mientras le clavas una MagLite de aluminio en las costillas y le gritas las 7 Plagas. Claro.

Nuestra memoria no deja de ser lo que es – me repito 3 veces en alto mientras guardo la petaca, ya vacía, antes de subir de nuevo a la superficie. No deja de ser una cámara del tiempo. O una fosa común.

Que al fin y al cabo es lo mismo. En una apilas recuerdos que te sobran.

En la otra, cadáveres molestos.

theuc

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Deja vu terrible


#MICRO-:

Te corriste y me soltaste:

-“Tengo novio”.

Después me corrí yo.

.

De los celos de la Nada.

Nació el amor.

.

Como vuelvas a tocarme con esas manos, con esas puntas de escarcha fina y transparente.

Como lo hagas.

Ay de tí.

.

He resultado tener 24 años en vez de 19.

Ahora de querer enseñarme, has pasado a querer escucharme.

Yo he seguido deseándote.

.

Aguantas el tipo pero creo, que de todas formas, nos lo habéis vendido de puta madre.

Andas erguida pero con cierta incertidumbre.

Ahora mismo no importa, de todas formas

ahora, sólo importa el café.

theuc

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En el restaurante


Cada vez que se acerca con un plato

me fijo en sus manos

y esbozo planes para rozarlas por error

sin que se note mi deseo

Una brizna de acné es lo único que me deja ver

cuando nuestras miradas chocan en el silencio de la radiofórmula

ofreciéndome por el contrario la forma de su cuerpo, tan adecuada

tan bella y abrazable

Por un momento pienso en dejar mi teléfono

pienso en pedir su teléfono

pero el ridículo puede ser el mayor de los misóginos

Así que nos quedamos cada uno en nuestras vidas

y damos paso a la tranquilidad de no tener que lamentar nada

porque en la mente, todo lo que tenía que ser

ya ha sido

theuc

Entrada parte de Amor Inútil (número 1 de X)

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Año -1, iteración 578


#RELATO:

I

Manual de aprendizaje, página 39.598

“…no es que vaya a ser sencillo. Notarás como el tiempo pasa lento, eso sí. Todo será una sucesión a ritmo fúnebre, y nunca mejor dicho, de hechos que ocurren y que evalúas callado, sin decir gran cosa. Me imagino como te sentirás ahora, tampoco debes obsesionarte con esto. De hecho sería mejor que leyeras como mucho 5.000 páginas, y dejaras el resto a la casualidad, o a lo que sea. Quizá un poco tarde para advertirte.

Y en eso consistirán los últimos años. El silencio reina, hijo, casi todo el tiempo. La suciedad colma las calles, dado que muchas máquinas limpiadoras se averían, o simplemente se les acaba la batería sin que nadie haga nada. Algunos todavía tienen ganas o fuerzas, la mayoría estamos simplemente expectantes y acabando nuestros manuales. Realmente casi todo está copiado del mío, pero nunca está mal un punto de vista más… reciente. En las casas solo queda comida deshidratada. Muy pocos conservan aún alimentos en buen estado y los cocinan de manera tradicional. El suministro acabó años atrás, y tuvimos que resignarnos a los sobres.

Los relojes ya no marcan la hora. De las esquinas de los edificios importantes, tan sólo penden ahora paneles gigantescos de 7 segmentos apagados. En cambio en mi muñeca sigue mi cronómetro, restando segundos al Tiempo sin cesar, desde hace 79 años. Sin parar.

Hijo, sé que hace unos miles de hojas te expliqué un propósito de este aparato, pero ahora, supongo que estarás de acuerdo conmigo en que son sólo patrañas. No hay regalo o suerte que sacie la avaricia que nos embarga. Da igual todo, todo lo aprendido.

Morir es patético siempre.

…”

theuc

Post publicado únicamente en No Son Horas… bajo la categoría Paralelos, sección que intenta recoger penurias que aún no han ocurrido ni ocurrirán. Proximamente más en NSH…

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Reverencia


Bilbao, 16 de Abril de 2010

Querida X,

Hoy lo he entendido todo. Todo. Hoy te he puesto en tu lugar, y por suerte o por desgracia, me he puesto a mí en el mío al hacerlo. Hoy he visto esas fotos tuyas, esas tan alegres. Esas con las serpentinas y la piñata. Un cumpleaños feliz. Hoy he visto algo que, por algún motivo, llevaba oculto a la vista desde hace mucho. Por algún motivo, no sé cual.

Recuerdo las tardes de primavera, las tardes de verano. Recuerdo tu olor y tu voz demasiado aguda. Recuerdo tu pelo alisado a conciencia. Recuerdo, de hecho, la primera vez que te vi. La puta primera vez que te vi.

Esa vez ya supe que ibas a ser para mí, pero como un verdadero novato, como un cretino, me enamoré. De objetivo pasaste a ideal, y de ideal, pasaste a obsesión, y parece ser que te asustaste o algo. Normal. El caso es que de obsesión pasaste a 12 cervezas cada noche. Pero bueno, esto es harina de otro costal.

Por aquellos tiempos, yo andaba no menos perdido que hoy. Siempre he sabido como tener a la gente a raya, cómo tenerles a la distancia adecuada. A tí me acerqué yo, y todo ardió como si fuera yesca en agosto. Hablábamos, y nos contábamos nuestras cosas, y mis relaciones fracasaban una tras otra porque no conseguía proyectarte sobre las otras como a mí me gustaría. En realidad, mi deseo era no tener que proyectarte. Mi deseo eras tú, entera, recién levantada, descalza, sudada, enferma, imponente antes de salir, desnuda en mis sábanas apestosas. Eras tú.

Perdonad. Lo siento. De verdad.

Pero claro, yo siempre he sabido cual era mi liga. Mi liga no era la del sábado noche. Ni la del viernes, ni ninguna de esas, vamos. Mi liga, hasta hace bien poco, ha consistido en chupar banquillo. Da bastante asco darte cuenta 15 años después que podías haber sido titular en segunda, y ya subirías de categoría más adelante, o no. Pero claro. Con 16 años, eres poco más que un arrebujo de hormonas que busca sólo una cosa: fluidos corporales. Al precio que sea. Toma mi dignidad, mis valores. Mi vida entera. Tómala. Mea, caga encima si quieres. Me da igual si lo haces sonriendo, aunque sea con temor.

Recordarás que, de una u otra forma algo teníamos. El problema, es que las que son como tú dicen “te quiero” a los que son como yo, y se follan a los que no son como yo. Pero aún así, aún con ese absurdo al que me veía sometido cada día, aún así te deseaba.

No sé cómo seguir. Me vienen a la mente miles de imágenes y momentos. Me viene a la mente cuando en verano, te di una pulsera mía, que nunca te pusiste. Tu me diste una que ya no te gustaba. Te  llamé varias veces pero siempre era inadecuado. Todo mejoró con el comienzo del curso. De nuevo bebíamos en la calle con el calor remanente del verano, nos contábamos cosas, e íbamos a bares, pero yo, era de los que no bailaba. Yo sólo bebía mientras sonreía, y mientras cada lágrima tuya me sentaba como una patada en los cojones.

Gol del tipo que juega en tercera regional. Yo sigo en el banquillo.

Realmente, esto es sólo un símil para explicarme. Sí, por aquel entonces, se trataba de puntos, pero a mí eso me daba igual. Saber que iba a verte cada día, era una satisfacción más que suficiente. Levantarte y sonreír. No recuerdo que me haya pasado muy a menudo desde aquella época.

Y seguro que también recuerdas el día que en un momento de lucidez, entendí todo. Entendí de lo que era capaz, entendí dónde estaba posicionado. Lo entendí. Te busqué por todo el Casco Viejo de Bilbao, te encontré, te llevé aparte y te comí la boca como si me fueran a pegar un tiro en la cabeza después. Me seguiste, presionando fuertemente mi lengua con la tuya, abrazando cada espacio, cada recodo. Todo. Lo querías todo para tí, lo deseabas. Y yo tenía toda la noche y toda la vida para dártelo. Todo el tiempo del mundo estaba concentrado en un beso entre 2 borrachos. Como pude repasé tu cuerpo con las manos, toqué tu espalda bajo la camiseta, toqué tu cara, la recogí en mis palmas como si fuera La Cosa Más Frágil Y Valiosa Del Mundo. Como si te fueran a pegar un tiro en la cabeza después.

Y todo aquello, aquella maravillosa escena que me estaba convirtiendo en la persona más feliz del mundo, el sueño más anhelado convertido en realidad en un apestoso cantón del Casco Viejo, todo aquello, acabó en cuestión de 10 segundos.

Seguro que recuerdas que mediamos dos palabras, y me dijiste:

– Besas… genial…

Mientras me mirabas.

Yo te respondí:

– A mí también me gusta mucho como besas.

Y nos levantamos porque tus amigas estaban por ahí imaginándose qué se yo, o eso me dijiste. Y nos cogimos de la mano, para andar los 20 metros que nos separarían para siempre. Era lo contrario al paseillo hasta el altar, si uno quiere ponerse folclórico o vomitar.

Antes de que nos vieran me soltaste la mano y no me volviste a mirar. Vaya.

Después todo fue horrible, lo sabes. Te costaba entenderte a tí misma. Lo sabes. De repente, como si no hubiera habido ninguna señal previa, hay un tipo que está dispuesto a llevarte al cine, a cenar, a matar osos, ciervos, koalas y a conocer a tus padres. Y tú, sigues en el mismo punto que ayer pero sobria y pensando: Qué he hecho.

Y yo, tengo la dopamina por las nubes y creo que voy a morirme de alegría cada vez que respiro. Maldita sea.

Al final acabamos hablando de nuevo y esas cosas, ¿te acuerdas? Te dejé mi chaqueta en el baile de fin de curso para que no te helaras. Me dijiste que me quedaba muy bien el pelo con gomina. Yo te dije que estabas imponente. Hasta parecíamos personas mayores, pero con la ventaja de que te van a hacer el desayuno al día siguiente y con varias botellas de alcohol guardadas para seguir bebiendo cuando nos echaran del bar.

Pero todo fue una tirita. Necesitabas quitarte esa espina, supongo. No te culpo. Sabías que no íbamos a vernos nunca más. Yo seguía deseándote en secreto, pero había aprendido por fin, tras años, a tragármelo todo sin rechistar. Así que asentí a todo lo que me dijiste y te abracé.

Recordarás hace 2 años aproximadamente cuando nos vimos. Yo iba con mi actual pareja, tú también. Fue en un sitio por el cual todo el mundo pasa, pero nadie para. Tú y yo nos paramos, mientras los otros dos miraban y remoloneaban, sin entender porqué nos mirábamos así.

Ahora, sé que somos cada uno la perfecta antítesis del otro. Tú acabarás necesitando 6 cubiertos en cada comida. Yo he comido durante días salchichas crudas en el propio supermercado para no pagar. Tú vas a bares en los que la copa cuesta 10 euros y los pagas sin rechistar. Yo me meto en los cojones una botella de plástico llena de ron antes de entrar a cualquier bar. Tú tendrás por lo menos 3 hijos y los usarás como catalizador para transformar el asco o el odio que sientas por su padre cuando ya no le quieras más. Yo probablemente no tenga hijos, y si los tengo no entenderán nada de lo que les dice su estúpido padre.

Pero aún así, siento eso que queda pendiente. Siento que te llevaría a mil sitios, y te haría reír continuamente hasta que me pidieras por favor que pare. Lo sé. Lo supe cuando volví a verte, aunque ya no me parezcas ni guapa, y me parezca que tienes demasiado pecho, y piense que te maquillas demasiado. Lo haría. Porque entré a sitios donde no creo que haya entrado nadie más.

Y tú lo sabes.

Lo sabes.

Con cariño,

Y

(Post 1 de 5 publicado originalmente en No Son Horas … bajo la categoría de “Cartas para Ellas”)

theuc

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Lo que de verdad nos pasa


#OTROS: ¿Conocéis el cuento de la lechera? Ese en el que una lechera lleva su cántaro lleno de leche, pensando en el dinero obtenido de la venta del mismo, y cómo va a invertirlo sucesivas veces hasta poder comprarse un Hummer limusina.

La vida es más o menos siempre ese proceso, pero la mayoría de las veces, no es necesario que se rompa el cántaro para que todo se vaya al carajo. Nosotros mismos somos los catalizadores del fracaso.

Tenemos, digamos, un miedo diferido. Podemos hablar de ello largo y tendido, formular, imaginar, proyectar un sin fin de posibilidades más o menos factibles. Podemos reiterar nuestra postura, incansables, en cualquier aspecto de la vida. Amor. Estudios. Trabajo. Sueños, u objetivos, digamos. Pero ello, no es más que el discurso nervioso de alguien aterrorizado.

No podemos pretender vivir por impulsos sobre un terreno que hemos diseñado mil y una veces. No podemos y además, aunque lo hiciéramos en la medida de lo posible, no sería más que un contínuo desengaño. Porque normalmente, no sabemos imaginar.

Y en los casos en los que irremediablemente se cumplen las predicciones, en esos casos tan escasos, no estamos a la altura. No queremos la responsabilidad que hemos deseado con tanto ahínco. Dejamos de ver lo bueno y nos da un bajón de azúcar de cojones. Está ahí, a la vuelta de la esquina.

Por eso la gente no va a su propia boda o deja pasar autobuses después de comprar el billete. Por el puto miedo atroz que tenemos a vivir como se supone que queremos.

Eso es lo que de verdad nos pasa.

theuc

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