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Superficies en tránsito


#ENSAYO:Los mecanismos globales de poder político y económico ejercen su eficacia sobre la superficie de los cuerpos y las cosas en dos direcciones opuestas. Puesto que hoy en día “poder” significa, más que nunca, capacidad para orientar y regular los flujos de cualquier clase en propio beneficio, no sorprende que estas dos direcciones del dominio epidérmico se exhiban del modo más claro en las intersecciones de la red de tránsito global. Los aeropuertos son espacios diseñados exclusivamente para el flujo de cuerpos y cosas, y nada más. No dejan apenas lugar al disimulo: en ellos el poder está obligado a actuar sobre el tránsito directamente, sin las mediaciones ni coartadas que cobijan su eficacia en los demás espacios. La tensión a la que son sometidas las superficies en tránsito se revela aquí en toda su crudeza.

Por un lado, la superficie es una interfaz que informa al observador del valor de mercado de la mercancía que cubre, ya sea una cosa o un cuerpo. Toda superficie en tránsito exhibe ciertos grafos que excitan el deseo de posesión en un hipotético decodificador: el logo de una marca sobre la carcasa de un teléfono móvil ejerce la misma función que una piel bronceada. Los escaparates del aeropuerto propagan el credo de las pieles sin tacha e incitan a someterse a un sistema de expertos en cosmética, moda, nutrición y gimnasia. Se alimenta así el tránsito global del consumo y las formas de poder que éste mantiene.

Por otro lado, la superficie es el recubrimiento que esconde un interior impenetrable y potencialmente peligroso. Los mismos grafos que la habilitan como interfaz ocultan a la vez que muestran: bajo ellos o detrás de ellos puede agazaparse una amenaza (el virus, la bomba) que detenga el tránsito. Para evitarlo, al ideal del brillo se opone ahora el de la transparencia. Si aquel convierte el cuerpo o la cosa en objeto que opone resistencia a la vista y así alimenta el deseo de posesión, éste los desnuda y los atraviesa, consumando una posesión óptica, pornográfica. El cuerpo o la cosa más deseables se revelan triviales en cuanto el escáner atraviesa su superficie.

En las últimas décadas la distancia entre estas dos tendencias divergentes no ha hecho sino aumentar. No se ve cómo podría conciliarse el imperativo de atracción con la sospecha universal, ambos necesarios para que el flujo global del consumo no se detenga. Prueba de ello es que la publicidad ya intentó salvar la divergencia sin éxito, metiendo a Enrique Iglesias desnudo en un escáner. La vergüenza ajena siempre revela una incomodidad propia.

Jaime

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Código de registro (y 2)


(Viene de aquí.)

#RELATO:

V

“El internamiento por plazo indefinido no implica la adopción, por parte del Centro, de responsabilidades distintas de las habituales en los procesos de internamiento ordinario. Todo procedimiento cuyo protocolo clínico requiera el consentimiento informado del paciente se considerará autorizado desde el momento de la firma de este formulario por parte de sus representantes legales.”

VI

El señor de blanco nº 1 abre la puerta y les indica la salida señalando al pasillo. Sale detrás de ellos y cierra con llave.

– Síganme, por favor.

Dobla a la derecha y se interna en un largo pasillo, iluminado por tubos blancos de neón. Le siguen. Ella se apoya en el codo de él para caminar.

VII

Una luz roja se enciende con un zumbido sobre la puerta metálica. El señor de blanco nº 3, gira en su silla, aparta la vista de la pantalla del ordenador y pulsa un botón. Se escucha un chasquido mecánico. Entra el señor de blanco nº 1 seguido de ella, que se apoya en el codo de él.

– ¿Todo en orden? –pregunta el señor de blanco nº 1.

– Todo igual –contesta el señor de blanco nº 3.

– Tendrán que ponerse esto –dice el señor de blanco nº 1 mientras les tiende ropas de un tejido plástico de color gris–. Por seguridad.

VIII

Ambos están completamente cubiertos del tejido gris. Sólo a la altura de los ojos queda un rectángulo de material transparente. El señor de blanco nº 1 les indica una puerta blindada. Los acompaña hasta allí e introduce una clave en el teclado numérico de la derecha. Se escucha de nuevo un chasquido mecánico. El señor de blanco nº 1 abre la puerta, hacia fuera, y se adentra en la habitación. Ambos le siguen. Dentro todo está oscuro. Se oye un pitido intermitente y algo que parece un borboteo.

– Yo debo quedarme aquí –susurra el señor de blanco nº 1–, sigan Vds. hasta el fondo. Pero no se acerquen demasiado, aún no sabemos cómo reaccionaría su hijo.

Jaime

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Código de registro


#RELATO:

I

– La hipótesis que tenemos es que hubo un error con su código de registro.

El señor de blanco nº 1 se detiene, mira calmadamente a la pareja con sus ojos grises: primera a ella, luego a él.

– Mentiría si les dijera que este asunto tiene fácil solución. De modo que no se lo diré. En cambio, les ofrezco nuestro pleno apoyo profesional. Para ello deben rellenar estos ejemplares del formulario CQ-238.

Posa las yemas de sus dedos sobre los formularios que tiene ante sí y se los tiende, arrastrándolos sobre la mesa.

II

Ella descuelga el teléfono de la mesilla de noche, blanca y rectilínea como el resto de la habitación.

– ¿Sí?

– …

– Oiga, ha pasado ya un día entero desde que ingresé y todavía no sabemos…

– …

– ¿Cómo “pruebas”? ¿Qué pruebas?

– …

– ¿Pero entonces cuándo…?

Cuelga violentamente y se echa a llorar.

III

“…comprometiéndose asimismo a no emprender acción jurídica de cualquier tipo contra este Centro o sus representantes legales y a guardar las cláusulas del Compromiso de Discreción que a continuación se detallan.”

IV

Él abre los ojos al oír el ligero chirrido del picaporte. Se levanta rápidamente del sillón cuando ve entrar en la habitación al señor de blanco nº 2. Tiene el ceño fruncido, pero fuerza media sonrisa al dirigirse hacia la cama.

– ¿Cómo se encuentra?

Antes de que ella pueda responder, continúa:

– ¿Cree que ya podrá caminar? Quieren hablar con Vds.

Él se acerca al señor de blanco nº 2 y le agarra del codo.

– ¿Por qué nadie nos dice nada? ¿Qué está pasando?

El señor de blanco nº 2 está comprobando el gotero y no se gira. Tampoco sonríe ya.

– Pueden ir ahora mismo.

(Continuará.)

Jaime

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Anti-Jeremías, para una crítica no profética


#ENSAYO:Parece que una crítica (y por esto entendemos un texto de la llamada crítica social) deba contener una justificada denuncia de la dominación en que viven los demás. Se presupone que el crítico tiene un “interés emancipatorio”, es decir, que orienta su ejercicio teórico hacia la superación de la situación de dominio mostrando las condiciones que la hacen posible. Estas consisten en una u otra variante de la idiocia general: alienación, ideología, falsa conciencia, necesidades creadas, simulacro, etc. En un mundo dominado por la mentira al servicio del poder, sólo el teórico es capaz de contemplar con serenidad y agudeza el envés de las cosas. Dice, con Platón: “nadie sabe lo que son realmente las cosas”. Y podría añadir, de nuevo con Platón: “excepto yo”.

Pero a esta engreída suficiencia que viene de antiguo se añade esa misteriosa marca reclamada con orgullo: el crítico es denuncia del dominio, azote de poderosos, profeta. El profeta tenía acceso a una verdad sólo a él revelada que agitaba ante los ojos del poder, como un látigo de Dios. El profeta denunciaba la falsedad y la podredumbre del mundo y vaticinaba la pronta catástrofe final. Visto desde los ojos de quien no comparte su fe, el profeta no es sino un teórico social que propone una solución política (de moral colectiva) a los problemas que él mismo diagnostica, y que busca en un recurso retórico (la revelación) la autoridad para su propuesta. Ese recurso retórico no puede admitirse hoy, y sin él no se ve qué fundamento explicaría que el teórico social sea más agudo, esté menos engañado que todo el resto de sus congéneres. La crítica debe dejar de ejercer la profecía. Debe recuperarse el sentido original (kantiano) de la crítica, que no es sino la determinación de las condiciones de posibilidad de la experiencia. No  puede irse más allá sin el amparo del rito.

Jaime

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La espera (y 2)


(Viene de aquí.)

#RELATO: Iván reiría como siempre que ocurre algo inesperado, pero no quiere espantar a la mosca que se entretiene en las gotas de sudor de su frente. Empieza a echar lentamente su peso hacia delante para apoyar en el suelo las patas delanteras de la silla, poniendo cuidado en no mover la cabeza. Las tablas del suelo chirrían.

-¿Te ha vuelto el periodo? –pregunta Aleksei, sin levantar su palma de la mano izquierda de Yulia, que agarra todavía el muslo de pollo–. Hueles a hembra.

Yulia afloja la presión sobre el muslo de pollo; sus dedos brillan de grasa a la luz de la única bombilla. Asiente, con la mirada clavada en la mesa de roble, de un modo casi imperceptible. Restalla el golpe de la mano derecha de Iván contra su propia frente. Ahora sí ríe, cuando observa en la palma de su mano el pequeño amasijo de patas, alas y líquido verde. Escrita aquí, la acción “Iván deja de reír y se lame la palma de la mano derecha” parecerá extraña. Pero a Iván no se lo parece, y eso es justo lo que hace.

Yulia vuelve a sostener su cabeza con ambas manos, acodada sobre la mesa y sin dejar de mirarla. Aleksei cruza la Sala andando a la manera de Aleksei y se detiene de cara a la estufa. Contempla el resplandor de las brasas a través de la rejilla de chapa. Por un momento, el viento trae el ruido de las olas.

-Vuelve a los campos. Iván se te unirá enseguida –dice sin girarse–. Necesitaremos víveres cuando la comunidad crezca.

Sin hacer el mínimo gesto de haber escuchado nada, Yulia echa hacia atrás su silla, se levanta y se dirige con pasos lentos hacia el perchero que está junto a la puerta. Las tablas del suelo chirrían. Tarda en ponerse la ropa de abrigo y creo que le parece, por primera vez, una tarea complicada. Cuando oye la puerta a su espalda, Aleksei enciende el transistor que está sobre una balda a la derecha de la estufa. Sólo Aleksei puede tocarlo, aunque se trata de una prevención inútil porque sólo Aleksei entiende la emisora finlandesa que se sintoniza.

…y como en los últimos años, se repite la escena de los manifestantes nostálgicos en la Plaza Roja de Moscú. Ante la indiferencia de los cuerpos de seguridad de la  Federación Rusa, las viejas banderas de la URSS y las efigies de los líderes soviéticos desfilan en un nuevo aniversario de la Revolución de Octubre. Tras la ilegalización del Partido Comunista y con el rublo bajo mínimos históricos…

-Ésta tampoco nos servirá, Iván –dice Aleksei sin girarse, sobre el ruido de fondo del transistor–. Ve. Y entiérrala junto a las otras.

Iván sonríe hacia Aleksei, que no le mira. Agarra el muslo de pollo y le da el primer mordisco mientras camina hacia la puerta. “Frutos nuevos del hombre nuevo” repite para sí mismo, con la boca llena.

Jaime

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La espera


#RELATO: Aleksei, Iván y Yulia esperan en la Sala Local del Partido. Ivan y Yulia juegan a las cartas con desgana: ella acodada sobre la mesa, él balanceando su silla sobre las patas traseras. A Iván le gusta acariciar la superficie pulida de la mesa de roble con las yemas de los dedos. Cualquier artefacto producido por Aleksei –la mesa, las sillas, la estufa de chapa– le parece un signo tangible del milagro socialista: “frutos nuevos del hombre nuevo” repite para sí mismo, paladeando el efecto rítmico como un azucarillo.

Aleksei pasea a la manera de Aleksei, que es una mezcla entre la manera de Napoleón y la de un viejo pope. Aunque esto lo opino yo, claro, y Aleksei a ratos; no Iván: para Iván Aleksei es la viva imagen de Lenin. Y no es que Iván haya visto a Lenin, no. La viva imagen de Lenin que tiene Iván en su cabeza pertenece a un viejo número de Pravda.

………años desde la Revolución de Octubre!

…….del Presidium, en un encendido discurso ante el Consejo de los Soviets………….a Lenin un recuerdo emocionado y responde a las últimas amenazas……alismo capitalista. …………..plauso unánime y en pie. El proyecto de las comunidades agrarias….Mar de Barents logra el apoyo………….y den inicio a la mayor brevedad…… Camarada Aleksei Nikolaievich goza de la confianza del Consejo…………tos nuevos del hombre nuevo”, lo que de nuevo mereció……….unánime y en pie.

Yulia agarra el muslo de pollo que está sobre un plato que está sobre la mesa con la mano que no está sujetando su cabeza, o sea la izquierda, y al hacer esto dispara dos series de acontecimientos. 1.) Los vuelos errabundos e intermitentes de la mosca que estaba posada sobre el muslo de pollo, que acabarán enseguida sobre la frente sudorosa de Iván. 2.) La evolución decidida de la palma abierta de Aleksei, que describe una rápida parábola desde algún lugar a la espalda de Yulia hasta encima de la mano izquierda de Yulia que agarra el muslo de pollo.

-Déjalo donde está –ordena Aleksei.

(continuará)

Jaime

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El mandarinato hostil


#MICRO-: Vivo con la certeza de que, antes o después, olvidaré todas mis claves. Varias veces al día me siento en un taburete en el centro de un anfiteatro oscuro y escucho la pregunta del fiscal
_Correo Yahoo
_Biblioteca
_PIN
Al fiscal no lo veo bien (creo que me ciega un flexo), pero sé que sólo es uno de los muchos mandarines que me observan. Siempre acierto la respuesta y escucho entonces un crujir de sedas y oigo que chasquean la lengua con fastidio. Esperan que falle y saben que acabaré fallando. Mientras tanto, sus pequeñas manos blancas, llenas de anillos, apremian al fiscal para que no se detenga.
_Wordpress
_Iberiaplus
_Intranet
_BBK
Creo que hay un mandarín por cada una de mis claves. Creo que cada mandarín tiene una lista donde aparece mi nombre, y quiere borrarme. Porque somos muchos o porque es su deber, no lo sé. Pero quiere borrarme y algún día lo hará.

Jaime

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