Insula (viii)


#OTROS:

Me marché de allí con demasiados martinis en la sangre, intentando desprenderme de las imágenes que aquel loco se había tomado el permiso de alojar en mi cabeza. Echó a perder su vida por el ano de una ramera. El alcohol me empujaba irremediablemente a desentrañar aquél pensamiento tan simple. Su vida, la que podría haber sido la feliz vida de un hombre retirado de aquellos que plantaban pequeños huertos de fresas en la vecina jutlandia, se había perdido en las profundidades de una obsesión. Mientras se hundía en aquella mujer prohibida su vida desaparecía en el más denso de los fangos. Aquél hombre no moriría en una casa rodeada de campos de fresa ni en los brazos de alguien que cometió el error de amarle. Moriría sólo y torturado o quizá en los brazos de una puta o de su puta, hundido en sus vísceras. Mientras caminaba indagando las razones últimas que empujaban a los cuerpos humanos a situaciones absurdas todo el mundo me era ajeno. Durante esos minutos – tal vez horas – dudé. El bueno de Harold había desencadenado en mí con su historia de putas, adulterios y culos pensamientos encontrados en los que Sócrates bebía martinis y Alcibíades perdía la cabeza por el esfínter de una jovencita ateniense. Desperté en mi cama cuando el sol se ponía en Copenhague.

Ella leía, absorta, sentada en el alféizar de mi ventana.

 


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5 comentarios

Archivado bajo Experimentación, Otros

5 Respuestas a “Insula (viii)

  1. aitorfatale

    Jajajaja.
    He descubierto que tus estrategias de marketing pasan por incluir en tus textos algo relacionado con el sexo anal y dar fe de ello mediante una etiqueta. Se llenará esto de adolescentes y degenerados.
    Cuántos seres humanos pierden la cabeza por un culo, Rubén, qué tragedia. A veces creo que el amor tiene que ver más con el sexo que con el amor. Será que me he leído demasiados cuentos de Carver. Tengo un debate pensado acerca de este tema. Sabes que me encanta.
    Muy bien, Rubén, pronto venderás esta serie por fascí-culos.

  2. Rubén Hidalgo

    El sexo anal es una paradoja ontológica. Y es cierto, el sexo y/o el amor es una tragedia por su finitud. Gracias por comentar.

  3. Ya se venía echando de menos una dosis de ínsulas, Rubén 😀

  4. jaime

    El esfínter, bien se sabe, es el órgano hum-ano que mejor refleja la trágica dialéctica entre libertad y necesidad. ¿Cómo es que a veces cagamos porque queremos, y a veces nos cagamos vivos? ¿Acaso hay una tortura íntima que hunda la felicidad con mayor eficacia que el estreñimiento? Ya lo decía García Márquez: el mundo se divide entre los que cagan bien y los que cagan mal.

  5. Minade Carbón

    Me hace gracia oír Strawberry fields forever después de leer el texto. Me parece que crea un contraste curioso entre la melodía que, tiene un puntito naíf y tu texto, tan animal. 🙂

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