Cuadros (I)


#OTROS:

 

Incon-teen-encia Verborreica.

Quizá podría ocurrirte, ahora que ya tienes quince. Aunque no deja de sorprenderte todo lo que vas descubriendo. Dicen: Que los reveses de la vida no son sino tus propios pensamientos. Que no es lo que te ocurre, es cómo tú lo percibes. Tú dices: Que no es suficiente lo que saben, porque no saben nada. Que quieres, pero no debes -ni puedes- querer a quienes tú quieres. Porque el corazón se parte pero no se divide, que no es lo mismo. Que eso es un lujo. Porque hay cosas que no están bien. ¿Que no deseas sino lo que quieres desear? Pero para ti el deseo no entiende de normas, es indómito. Que buscas y encuentras. Pero no es lo que buscabas. Y a veces tú te lo buscas y entonces sí lo encuentras. Y que vagas de nuevo, aún cuando creías que ahora empezarías a tener el control. Y que no es lo mismo vivir que estar vivo. Y que tú estás muy viva, demasiado viva, pero no eres viva. Porque ser y estar no es lo mismo salvo en inglés. Pero tú no hablas idiomas. Los idiomas hablan y no dicen lo que quieres decir. Porque nunca hay palabras para eso. Sólo signos, símbolos convencionales, preestablecidos por unos, por todos, por alguien, por otros. Y tú no dices lo que quieres porque no quieres decirlo. Porque quieres y no puedes y no siempre el querer es poder. Puedes. Puedes callar, una vez más.  Que tienes derecho a permanecer en silencio o todo lo que digas podrá ser usado en tu contra.

Minade Carbón

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4 comentarios

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4 Respuestas a “Cuadros (I)

  1. Jo, Minade. Tengo que confesar que no termino de “pillar” este texto. La verdad es que me tiene pelín intrigada 🙂

    (Por favor no me lo intentes explicar, ¿eh? Es un horror explicar los textos, pierden toda la magia).

    • Minade Carbón

      Es curioso, alguien me ha dicho hoy que este texto le angustiaba mucho. A mí no me parece especialmente angustioso, no sé si debiera.

      Aún a riesgo de romper el “hokiti pokiti” que de entrada dudo que tuviera este textículo, te diré que para mí es el tipiquísimo retrato de cualquier adolescente que no tiene claro si le gusta más “el Jonan” o “el Rúben”. Y eso, claro, es super fuerte, tía. Y super dramático. Y además sus padres no tienen ni idea de nada de la vida. Y para colmo, “todo lo que diga puede ser usado en su contra”.

      Ahí está mi no-explicación. 😉

  2. Corde

    Acabo de releerlo de nuevo, más que nada para encontrar similitudes narrativas y no personales (es que soy muy dada a estos fallos, siempre pienso que hay algo autobiográfico en lo que se escribe).
    El caso es que me recuerda a una de mis novelas preferidas, a ese personaje llamado Holden Caulfield, a su verborrea imprevisible y a su cabeza llena de pensamientos que se tropiezan y van saliendo poco a poco para hacerle madurar.
    El caso es que me recuerdan a mí, a ti, a ellos… Teenagers de los de toda la vida, eso sí, con un toque claro de melancolía. 😉

  3. Rubén Hidalgo

    M, no menosprecies la profundidad metafísica de la incomprendida edad del pavo.

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