Archivo mensual: septiembre 2010

RELOCOS DE LA INFANCIA (Poema incluido en el libro Surrealismo sucio)


#POESÍA:

 

 

1

 

Llegamos a París en 1920

la noche ocupaba 11 meses al año los barrios pobres / llegamos en un sidecar con motor de 2 piezas y carburador de plastilina

uno de nosotros tenía que sujetar las bicicletas durante el camino / corrían carretera arriba como esculturas cinéticas

puedo recordarlo

mi padre usaba pantalones de campana / se dejaba barba en homenaje a Marx / mi madre cantaba Mamma mía con flores en el pelo / mi hermana escuchaba a los Beatles / tocaba una guitarra construida con sobrantes de leña y cables arrancados de los tendidos eléctricos

fuimos los precursores del movimiento hippie

París no conocía la cultura de masas / las calles estaban abarrotadas de músicos de jazz / Sarkozy no había nacido / Carla Bruni cantaba sus primeras canciones / Leire y yo jugábamos al hula hoop en Montparnasse / cazábamos gamusinos en la torre Eiffel / las prostitutas hacían corros para vernos bailar

fue un verano de 1920

la guerra civil española nos mandó al exilio

recuerdo cómo los coches esquivaban los proyectiles en el instante mismo en que Neil Armstrong pisaba la luna por primera vez

 

 y 2

 

Por aquel entonces se inundaba Berlín

el agua desbordaba los meandros a un ritmo vertiginoso / los ríos arrastraban niños que intentaban nadar al estilo perrito

llovía tanto en Berlín que Hitler robó un cayuco a punta de pistola / le condenaron a 10 años de cárcel / le concedieron después el indulto a fin de relanzar Alemania como primera potencia genocida

como dice Gil de Biedma París estaba lejos en los años 20

apenas sí los ecos de la tragedia afectaron al caudal del Sena / algunos artistas bohemios emplearon sus pipas para bucear / en tanto que moisés caminaba tranquilamente sobre las aguas enviando al infierno a los pecadores / vestía una levita con alzacuellos y gritaba es el día del juicio final

los aerolitos caían del cielo como los misiles de alguna guerra cósmica / recuerdo que llegué a lanzar la peonza subido a un aerolito

en 1920

Aitor Bergara Ramos

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Prospectiva


“Pero mi rostro no podrás verlo;
porque no puede verme el hombre
y seguir viviendo.” (Éx. 33, 20)

#MICRO-:

#ENSAYO:No queda lejos el día en que la humanidad alcance las más hondas simas de autolaceración. En ese día sólo su crueldad será comparable al desprecio que sienta hacia sí misma. Enfangados en el pantano de su existencia dolorosa y trivial, los hombres del futuro –nosotros, quizá; nuestros hijos– querrán felicidad, justicia, entusiasmo y libertad, y para alcanzarlas tendrán la misma materia prima que siempre han tenido los hombres: aflicción, injusticia, esclavitud y desidia. Pero ellos lo sabrán mejor que nadie porque habrán dejado atrás el último de los engaños: se conocerán minuciosamente y, por eso mismo, se aborrecerán.

La ignorancia vencida se llevará consigo la última esperanza y tan sólo quedará una claridad cegadora que nadie podrá soportar. Entonces, desengañados del desengaño, los hombres buscarán desesperadamente un sustituto para el mayor de los narcóticos, aquél que les quedó prohibido tiempo atrás. La búsqueda de la verdad, ese camino que merecía todos los sacrificios y ofrecía todas las promesas, mostrará finalmente su último recodo y los hombres se darán cuenta con espanto de que han llegado a la meta. Su existencia no podrá presentárseles ya como camino, sino como huida. El hombre nuevo será el hombre que conozca el engaño y lo prefiera, con todas sus fuerzas, a la verdad.

Jaime

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Insula (vi)


Tras el baño de sangre y la danza de la muerte nadie contó que el cuerpo de Ofelia emergió en paz, perdido en la infinita distancia del Mar del Norte, convertido en una isla sin flores.

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Despertar


#MICRO-

Despiertas. Tú aún no lo sabes, pero te estás despertando. Entreabres los ojos y los notas resecos. Apenas puedes distinguir más que sombras indefinidas a tu alrededor. No sabes dónde estás, pero estás incómodo. Tú aún no lo sabes, pero  estás despertando.

Las sensaciones son nuevas. Algunas recién estrenadas, recién desembaladas. Todo suena diferente ahora. Y no te gusta. Sientes tu piel en contacto con una superficie que te resulta dura. Tienes unas agujetas insoportables. Y no te gusta. No te gusta y lloras. Porque tienes frío, porque estás incómodo, porque te estás despertando. Y despertar, ya lo sabrás, a veces duele.

No puedes pensar. No puedes razonar. No puedes hacer ningún tipo de deducción. No estás preparado aún. Sólo puedes sentir. Las sensaciones son ahora el contenido de tu mente. A penas tienes vagos recuerdos de todo lo anterior a este momento: relacionas esas sensaciones entre sí. Y es que apenas estás despertando, aunque tú aún no lo sabes.

Pero llegará un día en que sepas. Para entonces, todo esto y todo lo anterior, habrá sido olvidado. Sólo sabrás que un día naciste, por la evidencia del ti mismo. Y por las fotos de un niño arrugado que apenas se parecerá a ti. Y porque papá y mamá te lo habrán contado.

Minade Carbón

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La carpa


#MICRO-
Algunos días los claustros se transforman en dos enormes peceras; oscuras, enmohecidas, como pesados artilugios inservibles. La luz que entra de arriba apenas alcanza la gravilla del fondo, pero poniendo atención pueden verse las ondas que recorren las piedritas levemente y les sacan, a ratos, un húmedo brillo. Las palmeras mueven sus hojas muy lento, de manera casi imperceptible, y los troncos se adivinan borrosos a través del agua, quebrados a veces. La estatua del centro queda más exiliada que nunca, algo ridícula en su piedad chorreante. Si uno mira hacia arriba desde los arcos no verá el cielo, sino una masa grisácea que parece empezar donde acaba el agua –menos turbia– de la pecera y se apoya pesadamente en los tejados de la universidad. Cualquier día escucharemos una fuerte zambullida y un torbellino de burbujas descenderá hasta la gravilla del fondo. De entre las piedritas y las burbujas veremos salir una espléndida carpa roja, que primero se revolverá, perdida, en un luminoso disturbio de aletas. Luego, con un par de coletazos, se alzará majestuosamente, rodeará las palmeras y pasará revista, con un solo ojo, a las ventanas de los pisos superiores. Su brillo intermitente llenará la biblioteca como la luz de un faro.

Jaime

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