Sin título


Sin pena, sin gloria.

– Me llamo theuc, y soy idiota.

(mucha gente) – Hola, theuc.

– Hola. Resulta que he ido por la vida pensando cosas digamos “raras” en los peores momentos. También he dedicado no poco esfuerzo a dar explicación a situaciones que para los demás eran normales o incluso adecuadas. Las conclusiones a las que llegué no me gustaron en absoluto, primero porque eran negativas en sí, segundo porque según los demás, eran precipitadas. Paranoicas también he llegado a oír.

Un par de toses al fondo. Después, nada.

– He ofendido por no saber entender. Después, mientras trataba de llegar a la misma conclusión, sin éxito, con el ánimo de conseguir a través de la empatía lo que no había logrado a través de la lógica, me hundí. Los demás salían del Pequeño Pozo agarrándose a las paredes, pero yo no fui capaz de trepar.

– Continúa, theuc.

– Sí, continúa.

– De acuerdo. Así que simplemente, lo que hice, es lo que muchos de vosotros seguro que también probasteis en su momento para daros cuenta acto seguido que es inútil, inservible: Pasé de todo. Me cerré en banda y dejé que la apatía y el tiempo hicieran el resto, veía a los demás hundirse y asentía con la cabeza o preguntaba chorradas sin objetivo alguno. Veía a otros superar sus mierdas también, y ni siquiera la envidia afloraba. Quizá algún sábado por la noche sí, pero nada concluyente. Sólo estupideces. Idioteces.

La apatía por sí sola, incluso en su inutilidad, es poca cosa como muchos sabréis. Tienes que bloquear todo estímulo que no seas capaz de controlar para que tenga algo de efecto: También lo hice. Y nada. Y diréis: ¿Porqué, theuc?

– ¿Porqué, theuc?

– Pues porque el único que estás en el Pequeño Pozo, como un verdadero cretino, eres tú. El resto de gente se ha ido a sus casas con sus maridos, mujeres, hijos y gatos y viven ya ajenos a esta aparente tontería. Por eso les sorprende asomarse de vez en cuando, y verte todavía ahí en el pozo. Te hablan como si no hubiera pozo pero con la sensación en la espina dorsal de quien habla con alguien sin brazos o sin piernas o con una cicatriz enorme surcándole la cara. Te hablan con ese atrevimiento obsceno de quien se sabe en otra puta situación en la que habrá otros pozos, pero no este del que ellos salieron y tú no, intentando ocultar la mezcla entre desdén y lástima. ¿Sabéis lo que sentía yo en ese momento?

– No. ¿Qué sentías?

– Idiotez. Me sentía idiota a niveles insospechados. Me sentía idiota primero porque ni la apatía ni el tiempo funcionaban en absoluto. Me sentía idiota por ser el único en el Pequeño Pozo que todavía está intentando entender qué mierda está pasando y cómo llegué allí. Me sentía idiota por el tratamiento desdeñoso y falsamente condescendiente. De hecho no había condescendencia alguna. Sólo lástima proyectada. Me sentía idiota también, por nuevos y más elaborados motivos por los que pensar idioteces. Y de nuevo por todo lo mencionado anteriormente.

– Y qué podemos hacer. Estamos todos igual. Todos…

– Ya lo sé. No os traigo ni una historia ni un mensaje de esperanza. Hasta ahora lo único que saco en claro que es que no hay ningún error en el hecho de que una anestesia duela al ser aplicada. Ninguno. Y además, es tan cierto tanto que ese dolor va a desaparecer enseguida, como que la anestesia en sí va a desvanecerse también en poco tiempo.

– …

– Voy a seguir siendo idiota un rato más. Quizá hasta que muera, o no. Quién sabe. Hasta luego.

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6 comentarios

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6 Respuestas a “Sin título

  1. Esta porquería no debe tomarse al pie de la letra. Era sólo una especie de prueba.

    Gracias.

  2. aitorfatale

    El otro día leí Diario de un gato nocturno, y me acordé de ti. El tío -debe de tener más o menos tu edad- escribe asiduamente en el blog libertinajegatuno. Tiene un montón de mierda macerada a altas horas de la mañana que deponer casi a diario. Si yo he sobrevivido a su amarga lectura, tú también lo harás.
    Tienes razón en todo lo que dices.

  3. Gracias por la recomendación, Aitor.

    También iba a darte las gracias por tu opinión sobre que es verdad todo lo que digo, pero he leído la primera línea del post y en su lugar, imagíname con esta cara.

  4. Rubén Hidalgo

    Pues te ha salido una idiotez muy lúcida.

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