Negro


#RELATO:

 I

Ana sabía bien que no debía ir por aquel camino. De todos era conocida la fama de aquel suburbio sucio y lóbrego por donde ni los delincuentes más temidos andaban seguros. Y menos a aquellas horas. Y menos ella, caperucita apetecible. ¿Era Ana consciente de los instintos que su aspecto inocente, casi infantil, despertaba en algunas mentes retorcidas? Su larga y suave melena rojiza, sus ojos enormes y azules como de muñeca de porcelana, su piel clara y sus labios inyectados en sangre. Su cuerpo menudo calzado en unas merceditas…

Ella lo sabía. Sabía perfectamente que no debía andar por aquel camino de baldosas mal colocadas, como dientes imperfectos de una boca anciana. Baldosas apenas iluminadas. Baldosas siempre húmedas, babosas baldosas. Era consciente de lo que hacía: se lo advertía aquel silencio. Sirenas lejanas y toses enfermizas trataban de persuadirla.

Pero aquél era el camino más corto. Sin duda.

II

Él no podía ni creérselo cuando vio aparecer su frágil silueta a lo lejos. Su prolongada sombra parecía precederla. Era como una ofrenda. Casi sospechoso, una chica como aquella en un lugar como aquél. Todo el mundo estaba enterado. Ninguna niña sensata caminaría a solas por allí a sabiendas de los posibles peligros que ello conllevaba. Pero allí estaba esa osada, como un caramelo en la puerta de un colegio. Era una situación inusual poder coger así una presa. Sin tener que esconderse en un portal. Sin tener que estudiar minuciosamente las horas de entrada y de salida de su víctima.

Mucho más fácil resultaba atacar a alguna cría conocida. Eran más manipulables y, sin duda, más accesibles. Su sobrina era la prueba. Poco a poco la había ido engatusando. Poco a poco se había asegurado su confianza. Y no menos fácil fue convencerla de que aquello era un secreto. Su secreto. Porque él la quería. Mucho más que su padre ausente. Mucho más que su mamá borracha. Él la cuidaba, la mimaba. Y aunque la niña se sentía violenta, siempre acababa accediendo a lo que, al fin y al cabo, eran las únicas atenciones que conocía.

Pero para qué negarlo. A él, lo que de verdad le gustaba era atacar por sorpresa. Oír el grito de la víctima, callado por su mano. Sus ojos desorbitados, las pupilas casi inexistentes, crispadas, todos los músculos de su cuerpo tensos de golpe. El forcejeo inútil y, tras la amenaza, el silencio. Paralizadas durante unos pocos segundos. Y la respiración agitada, desordenada. De nuevo el forcejeo y, cuanta más resistencia oponían, más se aceleraba él. Ah! Lo necesitaba. Necesitaba volver a sentirlo. Sólo con pensarlo notaba bullir su sangre con brío. Volvía a sentirse inusitadamente vivo. Y allí estaba ella, como un corderito dirigiéndose, sin saberlo, directamente a la mesa en bandeja de plata.

La oía cantar una canción que no alcanzó a reconocer. Aún, si cabía, menos prudente. Quizá lo hiciera para espantar sus miedos. Quizá se había perdido, pobre cachorrito. Quizá hoy, el Destino había cedido los dados a su primo hermano Azar. Quizá. Quién sabe.

Tomó aire profundamente. Pegó sus lumbares al frío muro metiendo tripa y sacando pecho, como tratando de fundirse, cual camaleón, con aquella pared manchada de orín y de lluvia, como él.

III

Su olor dulce entre el hedor a miseria del lugar era una descarada provocación. Y la oía más cerca, aún más cerca. Su voz parecía relajada, juguetona y cantarina. La inocencia que de ella se desprendía, paradójicamente, resultaba inquietante.

En el momento preciso la asió por un brazo con fuerza y la colocó salvajemente contra la pared de aquella triste esquina. Cogiéndola del cuello con una mano y apoyando la otra contra el muro para dejarla atrapada, le susurró: “ni respires, porque no vas a poder escapar”. Ella, serena y fría, contestó: “no pensaba hacerlo”.

Él abrió los ojos de par en par y de repente fue consciente del brillo helado de los ojos de ella, de su voz, mucho menos infantil y pura que antes. De su sonrisa de satisfacción y cinismo.

Pero era demasiado tarde. Ella le mordió el labio y, no sabía cómo ni cuándo, lo había colocado entre su abrigo azul y la pared. Quiso chillar, pero no pudo. Ella le tapaba la boca con la mano. Sus ojos se abrieron de par en par: no podía creer lo que le estaba sucediendo. Mil rápidas ideas pasaron por su cabeza. Sus músculos estaban tensos. Intentó quitársela de encima, pero de pronto sintió en su cuello el frío metálico y brillante de un cuchillo y quedó paralizado. Ella sonrió satisfecha y, mientras bajaba lentamente el arma acariciando su cuerpo hasta llegar al pantalón, le susurraba cosas que él ni siquiera era capaz de procesar. Pues su mente estaba ocupada por rápidas ráfagas de imágenes, recuerdos, ideas casi ininteligibles. Su respiración estaba agitada. Cuanto más asustado se encontraba él, mejor parecía pasarlo ella. Llegados a aquel punto, sólo quería que todo acabara pronto. Se sentía humillado, ultrajado, indefenso.

Casi parecía haber perdido la noción del tiempo, la conciencia de lo que le estaba ocurriendo, cuando ella se apartó de él y lo dejó resbalar hasta el suelo.

Se sonrió victoriosa, insultante y satisfecha.

Le cogió la cara con una mano, estrujándole las mejillas y le cantó lentamente al oído “by, by, mein lieber Herr, Aufwiedersehen mein Herr…”

El quedó tirado en el suelo como un muñeco de trapo, como un títere sin hilos.

Ella se limpió las comisuras como un felino que se lame el bigote, sacó un pequeño espejo de bolsillo y se miró en él. Lo giró y le enseñó su patética imagen. Era su propio reflejo, pero no se reconoció.

“It was a fine affair but now it’s over”. Ella se levantó poco a poco. Él sólo podía ver sus merceditas negras.

Y se fue. Sin más. Dejándolo allí tirado. Semidesnudo. Sin fuerza ni ánimo para nada. Con ganas de nada. Sin poder pensar en nada. Pero la oía a lo lejos cantar, como lo hiciera Sally Bowles en el Kit Kat Club, “a tigger is a tigger not a lamb, mein Herrn, so I do, what I do…”

Y el silencio. Y las sirenas a lo lejos. Y las toses enfermizas.

Minade Carbón

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14 comentarios

Archivado bajo Relato

14 Respuestas a “Negro

  1. aitorfatale

    ¿Has visto Hard Candy, Marina? Me la ha recordado mucho.
    Excelente narración, inquietante, divertida.

    • Minade Carbón

      Pues no la he visto, pero procuraré hacerlo!

      Que bien que te parezca, además de inquietante, divertida. Esa es la intención 🙂

      A esta narración le tengo cariño por lo que me evoca: mi primera experiencia “exhibicionista” en el taller. Y de ahí surgió todo lo demás. Míranos ahora… cómo estamos creciendo todos. Ya se nos han ido pasando los pudores a base de ¡bLaS! y demás 😀

      GRACIAS! 😉

  2. niunibon

    Mieditor y estupor!

    Cuando lo leí ya me quedé flipada, pero esta noche, mientras te escucho a lo lejos… Se me han puesto los pelos como escarpias… Y ando inquieta, porque la noche es muy larga y todo está muy pero que muy oscuro…

    Ainsssss!

    • Minade Carbón

      Jajajajajaja!!

      Nunca unas merceditas resultaron tan espeluznantes. A ver si voy a tener que comprarte un gusiluz para que puedas sobrellevar el miedo a la oscuridad… 😉

  3. Rubén Hidalgo

    Esas merceditas son el terror de los penes. Acojonan los dos.

  4. enazapatero

    ¡Vivan las merceditas, Marina!
    En serio, nunca olvidaré tu valentía en TU PRIMER DÍA DE TALLER. Fue genial. 😛

  5. Arrate

    Yo me lo perdí, creo, pero así el texto fue nuevo para mí (¿es que no son nuevos y diferentes cada vez que una los lee? Uuuhh). Me ha gustado mucho que hable sólo en canciones. Como si tuviera la personalidad de una radio, como hecha de patrones.

    • Minade Carbón

      Estabas en Suecia y sólo te conocía por referencias y por mail.

      Lo que comentas de la radio me recuerda a un grupo de facebook que me hizo mucha gracia. Era algo así como “yo también creo que estoy en un videoclip cuando voy por la calle con los cascos”. Jajajaja!!

      Se me acaba de ocurrir un ejercicio! Hoy os lo comento 😉

    • Arrate, te perdiste a Marina leyendo el texto y cantando las partes que tocaban ser cantadas. Es-pe-luz-nan-te y maravilloso al mismo tiempo 😀 (canta buy bien).

      Marina, ¿no has pensado en añadir desde youtube el vídeo de “Mein Herr” de “Cabaret”? Ya sabes, blas y los contenidos multimedia 😛

      • Minade Carbón

        🙂 Gracias Paula.

        Sí, lo he pensado. Y lo he intentado… ejem. “Maybe next time, for the first time…” (previa consulta y asesoramiento). 😉

  6. Pingback: De cerca «

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