La Catedral


Y me adentré en el umbral.

El tiempo no acompañaba, por lo que había pasado la mayor parte de la tarde en un pub oscuro y vacío, entre la Liverpool Cathedral y la Metropolitan Cathedral. Por esa zona, sólo hay viviendas de 3 alturas, con las ventanas del piso superior ciegas. Al menos en muchas de las casas. Me imagino un armario detrás, o un muro de pladur dividiendo el piso entero en dos. O una habitación totalmente sellada.

Una cámara del tiempo.

Una fosa común. Accedo por el frente de la nave principal. La puerta grande es para las grandes ocasiones. Para la blasfemia que venden muros para adentro, con sus regalitos, con sus cafecitos, con sus polladitas, con sus saraos multitudinarios copados de gente borracha y atea. Paso de largo el arcón de ofrendas y bajo directamente a las catacumbas. Todo parece estar en orden, nada ha cambiado desde la última vez.

Los muretes de las construcciones anteriores se conservan penosamente pero con cierta gloria bajo la nave del altar. Vitrinas con reliquias sagradas se desnudan en calles rojas. Petacas metálicas que me saco del bolsillo – en realidad sólo una – me dan de beber fuego americano mientras recuerdo porqué he venido y todo eso. Ya sabes. Tú, y todo eso.

Te pienso hablando de articulaciones y extensiones corporales mientras me retuerzo de dolor en una habitación húmeda y cargada de Mount Street.

Imagino cómo sería el mundo sin nosotros: parece que el aire sigue siendo respirable, parece que los rios siguen su cauce, pero nosotros, en nuestra no existencia, somos más sinceros y sobre todo más inocentes. Ya sabes. Te conté lo que decía mi abuela. La madurez, hijo, se la vas a clavar a alguien en el momento menos pensado, y te vas a arrepentir para siempre, mientras te transformas en un mocoso de nuevo. Gracias. Gracias abuela.

Pero aún así, eso no nos impidió construir a capas, a tí ni a mí, como mujer y hombre, como Ella y Él, como digo, construir por estratos nuestra experiencia, nuestra madurez. Nos habían avisado, pero claro. También nos han avisado de muchas otras cosas, y aquí estamos un sábado por la noche pisándole la cabeza con la rodilla a un francés ensangrentado para que suelte su navaja, mientras le clavas una MagLite de aluminio en las costillas y le gritas las 7 Plagas. Claro.

Nuestra memoria no deja de ser lo que es – me repito 3 veces en alto mientras guardo la petaca, ya vacía, antes de subir de nuevo a la superficie. No deja de ser una cámara del tiempo. O una fosa común.

Que al fin y al cabo es lo mismo. En una apilas recuerdos que te sobran.

En la otra, cadáveres molestos.

theuc

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3 comentarios

Archivado bajo Relato

3 Respuestas a “La Catedral

  1. aitorfatale

    Muy bueno, Joseba. Me ha gustado mucho.

  2. jaime

    ¿Es una especie de versión hardcore de Crepúsculo?? Es broma. Muy conseguido el clima lúgubre.

  3. Nota mental: Versión HC de Crepúsculo.

    Corolario a la nota mental: Jaime, va a salir blasfémicos en las búsquedas de Crepúsculo que hagan las quinceañeras en Google. Well done.

    Gracias Aitor.

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