Zarzas


#RELATO:

Soñamos, mientras el sol se iba, que todo habría sido más fácil de haber tenido caballos y el pelo largo. Pensé, podríamos cabalgar tan rápido que la música sonaría sola, vibrando en los rojos del cielo y en las rocas que rápidamente se enfrían, expuestas al viento de la estepa. Entonces tú abriste los ojos bordeados de gris, con el vestido aún levantado, y el preámbulo a tu voz tuvo lugar, y después tu voz. Y no supe decir qué parte es mi favorita. Las corrientes de aire no nos alcanzaban a esta altura del ciprés, por más que nos buscaran. Por eso podías tener tus piernas de bronce y leche al aire sin que se erizaran, y yo podía entonces enterrar mis manos entre ellas con más facilidad que en aquellas mañanas de invierno y perros silenciosos.

Hablabas. Decías, déjate el pelo largo, que las agujas se enreden en tus nudos, que las hebras fluyan y bailen y no podamos distinguir dónde acaba mi cabeza y dónde empieza la tuya. Reí y te besé en la oreja y después en la rodilla. Y nos imaginé como un círculo de pelo negro y piel roja, una serpiente mordiéndose la cola. Pero nuestros límites son claros y luminosos y nos amamos más cuando unirnos es tarea complicada. Como cuando tu padre cierra todos los postigos y tengo que arreglármelas trepando por tu limonero, calculando los salientes que aún se mantienen fieles a la argamasa, evitando que vuestro murciélago me oiga. O como cuando vas, manta sobre los hombros, a confesarte o a por tomates maduros, corriendo como una loca, como un corzo, para poder regalarme diez minutos en el arenal del camino viejo.

Cerraste otra vez los ojos a medida que los pájaros se alejaban de nosotros. Y me dejaste solo, imaginando, con el peso de tu cabeza entre mis manos, que me alzaba en medio de la plaza, golpeando cazuelas, despertando a todos, sacándolos de sus gruesas casas. Agitaría los brazos y gritaría en la cara del alcalde y todos tendrían que entender. Pero tú no quieres. Dices, en suspiros, déjales estar seguros de las cosas. Déjales que inventen y murmuren sobre otros, mientras tú y yo dormimos entre las zarzas. Y es que sabes que, en parte, me amas porque siempre te han dicho que no puedes.

elster

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8 comentarios

Archivado bajo Colaboraciones, Relato

8 Respuestas a “Zarzas

  1. Rubén Hidalgo

    Arrate, es redondo, precioso, perfecto. Me ha encantado. Es lírico y misteriosamente extraño.

  2. enazapatero

    Suscribo totalmente el comentario de Rubén.
    Ya te lo dije por email, Arrate, pero me apetece repetirlo: me encanta este texto, me encanta. (y debes hacerte cargo de que no suelo abusar del verbo “encantar”) 😛

  3. Minade Carbón

    Ya sabes lo que pienso de este texto, Arrate. Me gustó mucho cuando lo leí porque me resultó misterioso, tierno, intimista. Y tiene un halo de magia muy bonito. No sé qué es.

    Por otro lado, me gusta tanto lo que aparece en el texto como lo que no aparece. Es muy curioso, eso… No sabes bien qué pasa y eso lo hace -a mi parecer- mucho más interesante, misterioso y bonito.

    Vamos, que me mola que te cagas! 😉

  4. enazapatero

    Eres una ordinaria, Marina. ¿”Me mola que te cagas”? 🙂

  5. Alex Luzuriaga Gamboa

    Sí, es cierto que es redondo, mágico y sensitivo. Pero, no me entero de nada.

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