Insula (iii)


#OTROS:

Me entretenían las corrientes de paraguas negros que habitualmente invadían las calles de Christianshavn. Desde mi ventana observaba que pocos eran los que se atrevían con un color discordante entre la muchedumbre. La masa ahogaba a los atrevidos o al menos eso quería creer ya que los pocos colores que osaban asomarse en el fluir de los paraguas nunca los volvía a ver. Siempre fue así excepto con uno, rojo carmín.
Pasaron los días y entendí que aquel paraguas no sería de gran ayuda para pasar desapercibido en Copenhague. Así que en otoño tras haberlo visto pasar tantas veces seguí al paraguas y sin quererlo también a Linda. Ese estúpido juego de curiosidad cambió mi vida y me enseñó que el color de su paraguas y de sus labios se obtenía de las hembras desecadas de la cochinilla.

Era de noche. Los ojos de los paseantes nocturnos parecían dormidos. Ella caminaba rápido con un paso que se diluía en unos tendones de Aquiles imposibles. Cargaba con un gran bolso de lino -parecía pesado- y un libro que no alcanzaba a reconocer. Mi paraguas también era negro, el escudo perfecto para un voyeur moderno. Me tropecé con una anciana que abandonaba una farmacia con la energía producida por saber que aquella noche no le faltaría la dosis de su droga preferida. Por un momento creí que la desconocida entraba en un Seven Eleven desierto pero ella ajena a mi persecución había doblado la esquina a tal velocidad que casi no pude alcanzarla. Cuando al fin intuí su rastro tuve que acelerar mi paso. La perdí a la altura de la Iglesia de Vor Frelsers. Y me quedé allí frustrado observando el monótono pasear de aquellos rostros pálidos.

No se cuanto tiempo pasó hasta que mis difusos pensamientos se vieron interrumpidos por un intermitente sonido que venía del cielo. Una pequeña pelota multicolor golpeo mi paraguas. Otra fue a parar contra un danés de grandes gafas y rostro difunto. Muchas otras le siguieron en un intento suicida de emular a la lluvia. Los pocos que estábamos allí miramos al cielo intentando comprender pero yo sólo pude ver un paraguas de color carmín en lo alto de la torre iluminada de la Iglesia de Vor Frelsers.

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4 comentarios

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4 Respuestas a “Insula (iii)

  1. Jaime

    Islas…
    Tienes la virtud de que todos tus textos parecen fragmentos de obras grandísimas, y no digo sólo en extensión. Son algo así como icebergs que al pasar te rozan apenas, pero con una fuerza que sospechas gigantesca.

  2. Minade Carbón

    Tus textos tienen un punto que a mí me resulta siempre misterioso. Supongo que es ese límite, entre lo posible y lo imposible, que sueles difuminar. Además resulta muy visual. Algún día deberías grabar lo que relatas y narrarlo tú mismo como voz en off. O hacer un cómic, pero con fotos. 😉

  3. Rubén Hidalgo

    Gracias Jaime. Te voy a nombrar sir Crítico de las Islas de los mares orientales. Gracias, de verdad.
    Marina ídem, pero el deber ser y el ser nunca fueron lo mismo así que lo que es palabra que lo dibujen las mentes de los lectores. (Aunque siempre puedes entrar en el enlace de Google Maps y darte un paseo con tus ojos por el escenario real).

    • Minade Carbón

      Así lo he hecho (geniales los links), pero me siguen gustando más las imágenes que tú evocas con el relato. Y eso que Copenhague es uno de esos lugares que a una le encantan sin haber estado allí jamás…

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