(relato erótico) II


(viene de aquí)

#RELATO:

II

Diana no puede dormir. Su cuerpo exhausto permanece alerta, torturado por la hiperactividad de una mente insatisfecha que teje quejidos del condicional presente (“si él supiera”, “si yo fuera”…) y del (im)perfecto (“si me hubiera atrevido”, “si se hubiera lanzado”…). Después de liberar a su pecho del sujetador, se habría lanzado a los labios de David y habría anticipado el contacto de los torsos desnudos a través del suave velo de su camiseta de lunares. Le habría costado trabajo respirar besar lamer morder devorar al mismo tiempo pero le habría guiado el instinto, desbocado como el de un niño al que, inesperadamente, se le da permiso para saltar sobre la cama. También le habría gustado dejarse acariciar, explorar por manos ansiosas y expertas. Él la habría colocado de cara a la pared y le habría recorrido la espalda por debajo de la camiseta y después se la habría roto y le habría hincado los dientes en la tierna piel de ese pliegue que ni es pecho ni axila ni tampoco espalda. David le habría rozado con la punta de la lengua los pezones, que ella sólo alcanza a estimularse con las yemas de los dedos, mientras el aliento le delata las ganas. Si ella se hubiera atrevido a seguirle hasta el baño, David habría encontrado el modo de despertarle los sentidos. No la habría dejado descansar hasta que la cabeza de ella hubiese caído, agotada, sobre el hombro sudoroso de él, enlazados el uno sobre el otro sobre la tapa bajada del inodoro. Acompasando las respiraciones. Rozando lánguidamente la espalda del otro con dedos temblorosos. Risas súbitas de alegría y extenuación. “Aún tengo más besos en la recámara”.

Pero no se había atrevido a seguirlo hasta el aseo de caballeros: se había quedado sentada a la mesa mientras se mordía las uñas sorbía su Cocacola comprobaba el reloj y se mordía las uñas vigilando que volviera. Siempre a punto de saltar de la silla pero sin ser capaz de dar el brinco decisivo. David había llegado, húmedas las perneras del pantalón de secarse las manos en ellas, y había preguntado: “¿Nos vamos?”. Y ella había respondido: “Sí, vamos”. Se habían despedido muack, muack, con dos castos besos hasta el día siguiente en la oficina. “Buenas noches”, había dicho él. Y a ella, por supuesto, le había sonado a ironía. Y un poco también a castigo.

Paula Zumalacárregui Martínez

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3 comentarios

Archivado bajo Relato

3 Respuestas a “(relato erótico) II

  1. aitorfatale

    Ohhhhhh. Cuánta frustración. Maldita cobardía.

  2. Minade Carbón

    =) Muuuy bien narrado. Esta segunda parte me parece un final perfecto: un tremendo “oooooh…”. Entre una pena sincera y mucha sorna a la vez. Me recuerda a una de las historias de “Love Actually”.

    Has superado el reto con éxito; me parece complicado escribir un relato erótico, especialmente porque te habías comprometido de antemano a hacerlo, puf!

  3. Pingback: Relato erótico « (orto)graphías de un autorretrato

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