Sección de videojuegos (I)


#RELATO:

I

Ella golpea con los dedos la mesa donde está la caja registradora, fingiendo que sabe tocar el piano. Aunque aún no le duelen las piernas –después de todo, la mitad de su trabajo consiste en estar de pie- la media sonrisa que exhibe es, claramente, un gesto mecánico, que no está dirigido a nadie en particular.

Quedan dos horas para cerrar la caja. Todavía puede vender unos cinco videojuegos, teniendo en cuenta que es un día de labor, y que el niño medio está en este momento haciendo sus deberes en casa. Y de pronto los ve llegar: un padre con barba seguido por un niño con mochila.

-…pide lo que quieras, luego ya veremos nosotros qué te compramos. ¿Seguro que no prefieres otra cosa, más que un videojuego? Yo a tu edad era feliz con tan poca cosa, una simple peonza…y pensar que me volví loco cuando tus abuelos me regalaron una bici…¡y eso que era por la comunión! Pero ahora necesitáis todo tipo de aparatitos, os lo damos todo hecho, no tenéis imaginación, y claro…

El niño se mueve nervioso entre las estanterías de juegos, sin escuchar a su padre: tendrá unos ocho años.  De repente dobla una esquina demasiado aprisa, y la consola más cara del establecimiento cae al suelo limpia, claramente, sin hacer ruido.

La planta queda en silencio. El tiempo se detiene. Y entonces, dos acciones suceden casi simultáneamente. La primera, el golpe sobre la mejilla del niño. El padre le da una bofetada sin mirarlo, y el niño aguanta el dolor sin llorar, aunque su mano derecha tiembla en el bolsillo del pantalón, deseando aliviar el calor de la cara. La segunda acción  comienza un segundo antes de que se escuche la bofetada: la dependienta camina rápidamente, a pesar de la falda del uniforme y los tacones, recoge la consola y la guarda tras el mostrador. El padre se acerca a ella, le agarra por el brazo:

-Señorita, le dejo mi teléfono, por si hace falta, llámeme usted y…

Ella niega con la cabeza y lo empuja hacia su hijo, que  observa horrorizado el lugar donde hasta hace unos segundos estaba la consola. Se marchan apresuradamente, y la chica sonríe en silencio. Aunque nadie parece fijarse en ella, su sonrisa ha dejado de ser un gesto mecánico, y sus ojos parecen mirar juguetes, muñecas o jarrones que ella también tiró al suelo por error, hace unos pocos años.

Álex Silvano de Tena, el vendedor número dos de la sección de informática, juega con su corbata roja a rayas mientras observa la escena. Lo que ha contemplado es una total falta de profesionalidad, desde luego. Si el está logrando ascender, si ha llegado ha ser el número dos de su sección antes de los 25 años, se debe a su puntualidad inglesa y al hecho de que olvidó hace tiempo que las cosas pueden caerse al suelo “por error”. ¡La consola más cara del establecimiento, ni más ni menos!

Pero, aprovechando que no hay clientes por “su” zona, se dirige lentamente a la zona de videojuegos, y observa a la dependienta temporal, que vuelve a fingir que toca el piano junto a la caja registradora.

-Perdone, señorita…

Ella abre mucho los ojos. La mano izquierda se paraliza en medio de un fantástico e invisible acorde.

Álex no es capaz de recordar cómo se llama la dependienta. Entonces, decide pasarse una mano por el pelo y toser débilmente. Una mujer le dijo hace tiempo que era encantador cuando hacía eso, que le recordaba a un actor inglés, que había protagonizado…que se había hecho famoso por…

La dependienta no parece vulnerable al truco y la mente de Álex empieza a luchar desesperadamente  por recordar el nombre del actor inglés, sin pensar nada ingenioso que decirle a la dependienta, mientras sonríe como un idiota.

-¡El actor se llama Hugh Grant!-dice finalmente, aliviado.

Ella parpadea un par de veces, buscando otro nombre.

-¡Y el compositor, Franz Lizst!- contesta finalmente la dependienta bajito, sonriendo. Ella también parece aliviada.

Ahora es Álex quién parpadea, no dos, sino muchas veces. Y luego, sonríe.

Ane Zapatero

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6 comentarios

Archivado bajo Relato

6 Respuestas a “Sección de videojuegos (I)

  1. ¿Te pasó esto de joven, Ane?

  2. aitorfatale

    ¿Álex Silvano de Tena? Ja, ja, ja.
    Sólo en tu cabeza podría cocerse un relato de estas características.
    No doy crédito.

  3. Jaime

    ¡Jaja, peor era el nombre de niña que se inventó Joseba hace mil años! Cómo eres, Aitor, para una vez que alguien escribe algo que no tiene que ver con la muerte, la angustia y la alienación de la burguesía… Está bien narrado, Ane, conciso y directo, sin que sobre una sola coma. Con un par de detalles dejas entrever toda una prehistoria implícita de los personajes, y eso es todo un éxito para cualquier narrador que se precie. Aunque he de decir que lo de los parpadeos me suena un poco a dibujo manga, jejeje…

  4. Minade Carbón

    Me encanta. Me gusta mucho cómo termina. Da la sensación de que no ha pasado nada, realmente, pero es como si todo estuviera implícito. Delicado, sencillo, muy bien descritas la situación y los personajes sin apenas esfuerzo (al menos aparentemente). Y sí, final perfecto 😉

    Todo este rollo para decir sólo que me gusta mucho. No me gusta comentaros cosas aquí por escrito (sueno pedante y sólo se me ocurre “WOW!” o “qué cabrón/a cómo escribe…”), pero joder, vuestros textos merecen ser comentados y la mitad de las veces me corto por no decir ni “Wow!” ni “qué cabrón/a, cómo escribe”. Esto… Ya.

    (La muy, muy L.) 🙂

  5. enazapatero

    Gracias, chicos, pero ahora que estoy releyendo el texto con vuestros comentarios, me está horrorizando. ¡Qué cursi puedo llegar a ser, qué horror, qué vergüenza! (y ójala sólo fuera cursi lo de los parpadeos-manga, Jaime…)

    En fin. Pese a Aitor, publicaré la continuación otro día.

    Ah, Joseba: no, esto tampoco me ha ocurrido a mí. Pero lo presencié hace un tiempo, en el Corte Inglés. La consola que tiró el niño era la Play III.

  6. Aneeeee! Me gusta. Aún no he leído la segunda parte. Pero ¿puedo hacer una sugerencia? Igual es sólo cosa mía, pero creo que le daría aún más verosimilitud si concretaras cuál es “la consola más cara del establecimiento”: ¡los dependientes saben de sobra cuál es! (Yo, desde luego, no ;)).

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