Rojo


#RELATO: Hoy he encontrado una antigua lista de la compra.

Dos kilos de almendras crudas molidas, champú para el perro y al lado, con tu letra cervezas alemanas, cacahuetes con miel.

Me he dado cuenta de lo estúpido de la vida. Listas. Listas de teléfonos, listas de la compra, listas de películas que nos queremos bajar, listas de bodas, listas de propósitos de este año nuevo, y del anterior, y del otro, listas de invitados,… Tontas. Tontas como yo, que se emocionan al encontrar un papelucho, resto insignificante de algo puramente simbólico que ya no sirve para nada. Lo que fue doméstico y fútil, ahora se presenta como si fuera una promesa de lo que no se puede volver a cumplir y, como una estúpida, lo doblo y lo devuelvo al lugar donde lo encontré, como si nunca lo hubiera desdoblado, como si así pudiera preservarte indirectamente a ti, como si colocara en el altar de lo idiota y lo imposible un voto de fe…

La vida está llena de pequeños gestos rituales que no sirven para nada. Sólo para acumular recuerdos y autoengañarnos haciéndonos creer que con los recuerdos también se retienen los momentos buenos, o las personas que nos los evocan. Y ni siquiera volvería al pasado. Pero es lo que llaman duelo, supongo. Y hay que pasarlo. Lo que no quiero es que te quedes así, como una sombra parda revoloteando sobre mi presente, insistiendo en posarte en mi vida para siempre desde la ausencia. Y ni siquiera sé por qué te hablo. Si no me escuchas. No lo hacías cuando estabas a mi lado. Cómo ibas a hacerlo ahora…

Debo dejarte ir. Sólo si hago sitio en la casa y en mis esquinas personales, sólo si te barro de mi lado, dejaré sitio para lo que aún ha de venir. Quiero hacer limpieza. Quiero que te marches. Quiero que te alejes. Y no puedo. Para qué engañarme. No puedo dejarte ir. ¿O sí?

He de contarte que acabo de rebuscar tus restos por toda la casa. La he puesto patas arriba. Aún había pelos tuyos en el cepillo de madera. Lo he tirado. También tu colección de envoltorios de mandarinas. Y las notitas que me dejabas en el espejo alguna mañana, del tipo “Hoy tengo reunión, olvidé decírtelo, no me esperes a comer. Tu Monchu”. Y tus calcetines de la suerte –estaban muy raídos ya te lo dije muchas veces que qué vergüenza si te quitabas los zapatos en el japonés durante aquella reunión con tu jefe y su putita-. Y tus sábanas favoritas. Las rojas. Sí, también. Ya sé que eran muy caras. Y agradables. Ya sé. Pero también. Las he tirado.

Estoy haciendo limpieza, ¿sabes? No estoy dejando títere con cabeza. Luisa me dijo que también el Feng Shui lo recomienda: “sí, nena, hay que quitar cosas inútiles, bártulos que no hacen sino colapsar la energía chi que debe fluir por toooda la casa”. Todo eso me lo dijo con esa voz nasal tan suya, tan característica y de la que tanto nos reíamos. Porque tú te reías, ¿te acuerdas? Decías que era horrible.

Pero quiero que sepas que Luisa, en realidad, es muy maja. Hoy ha vuelto a preguntarme por ti, por si habías vuelto o si habías dado señales de vida. Sí. Se la veía triste, a la pobre. Le da pena esta situación. Créeme.

He encontrado otro vestigio tuyo por la casa. Aquella fotografía que guardaba con tanto celo en mi cartera. Sí, esa tan bonita en la que salíamos tan sonrientes junto a Luisa y a Paco. También me he deshecho de ella. Debes entenderlo. Es por la energía. Debe correr. De hecho, me estoy dando cuenta de que a lo largo de estos años había acumulado muchos trastos inservibles.

He tomado una decisión valiente. He de superar lo nuestro. Se acabó hace tanto… Debo deshacerme de ti. El cocido quedará muy rico. Si algo tenías de bueno es que eras la mar de tierno. Seguro que Luisa opinaba lo mismo. La invitaré a cenar. Verás qué bien. Quedarás ideal con las habas. No me mires así, amor. Esto tenía que pasar… Además, a ti siempre te gustó cómo cocino. Y ahí dentro pasas frío, ¿verdad? Se te nota. Verás qué bien, cariño. Esto tenía que acabar de alguna forma. No me mires así. Estarás muy rico, te lo prometo. Muy bien con las habas. Ideal. Ideal.

Minade Carbón

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11 comentarios

Archivado bajo Relato

11 Respuestas a “Rojo

  1. annelepesenerfs

    Qué bestialidad, Marina. Me gusta. Me gusta mucho.

  2. Qué ilusión me ha hecho ver que hoy tocaba este relato. Es genial, Marina. Me ha encantado aunque me acordaba del final (¡es uno de esos finales que no se olvidan!).

    Queremos más de esto, “nena”. Escribes ideal, ideal 😉

    A veces me pregunto cómo habría sido mi vida si no me hubiera animado a ir al taller literario. Habría sido diferente, fijo; y, seguramente, también peor 🙂

  3. rubenhidalgo

    Magistral Marina pero no puedo evitar decir que estamos enfermos. Yo no sé que os enseñan en la facultad pero pobres de los que se enamoren y decidan iniciar una vida en común con una psicóloga. Lo de Ane, al menos, no parecía doloroso pero aquí parece que en algún momento va a entrar el cuchillo jamonero en juego.

  4. Jaime

    ¡Me encanta! Os dais cuenta de que parecemos una panda de desquiciados y psicópatas en potencia, ¿verdad? Pero ah… el arte de matar, de matar bien a un personaje, se entiende ;).

  5. aitorfatale

    A mí me sigue fascinando lo del jefe y su putita.
    Es lo mejor del cuento.

  6. A mí lo que me mata es lo de “champú para el perro”

  7. Minade Carbón

    Me he reído mucho con vuestros comentarios, son geniales. Es gracioso ver qué llama la atención a cada cual (y que no sean las comas y puntos que le faltan, ahora que lo he releído…).

    Es verdad que parecemos una panda de psicópatas. De hecho, por el taller pasó más de una persona que desapareció misteriosamente sin volver a dar señales de vida (qué fue de la loca de los pájaros… Mmm… Ideal con la boloñesa. Ideal.).

    Paula, debes saber que el PH de los perros es mucho más delicado que el de las personas. Es mejor que tú te laves con su champú a que le laves a él con el tuyo (dijo Luisa con su voz nasal).

    Gracias a todos!! 🙂

  8. enazapatero

    ¡Marina, acabo de volver a leerlo!
    Me gusta mucho que hayas decidido llamarlo “Rojo”, por cierto. (Antes no tenía nombre, ¿no?).

    Y…a mí también me encanta lo del jefe y su putita. 😛

  9. enazapatero

    Por cierto, acabo de darme cuenta de que te estás aficionando a llamar a tus relatos con nombres de colores…¡Qué guay!

    Me ha recordado un montón a una de mis trilogías cinematográficas favoritas, “Azul”-“Blanco”-“Rojo”, de Krzysztof Kieslowski. ¿Las conoces? Las tres son el tipo de película que “te pega”, estimada Minade. 😛

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