Pequeñas cosas que hacen que la vida valga la pena


#ENSAYO:

Para Mónica

A veces pasan cosas que nos hacen sufrir. “Así es la vida”, y todos nos sabemos la teoría, aunque nunca hemos cogido apuntes ni nos hemos puesto a memorizarla. Todos sabemos, porque alguien nos lo ha dicho, que la vida son baches y que a veces se está arriba y a veces se está abajo. Más aún: que si a veces se está arriba es precisamente porque a veces se está abajo, y ese estar a ras de suelo -o más abajo aún- es el que marca la diferencia con las altitudes a las que nos eleva la “felicidad”.

Sin embargo, a veces las cosas que pasan en esta vida nos hacen sufrir tanto que caemos en un bache muy profundo, atravesamos el suelo y nos rompemos un par de costillas al caer. Quedamos, maltrechos, a la altura en que los topos cavan a ciegas sus galerías subterráneas. Tratamos de usar nuestros magullados dedos como pezuñas, pero la escalada se presenta demasiado empinada y la madriguera está a oscuras. En la mayoría de los casos habrá gente arriba, en lo alto, sus cabezas perfiladas contra el sol, gritándonos: “¡Rómpete las uñas! ¡No importa! ¡Lo único que importa es salir del hoyo!”. Seguramente nos tiendan cabos, pero estos no serán nunca lo suficientemente largos y saltar para alcanzar el extremo cansa tanto… Y uno, en las tinieblas de la profunda galería, no es capaz de ver esas cosas que hacen que el esfuerzo merezca la pena.

Pero cuando uno logra salir del bache se da cuenta de que en su vida existen muchas de esas pequeñas cosas. Detalles tontos, en la mayoría de los casos. Por ejemplo, los lametones de tu cocker spaniel cuando llegas cansado después del trabajo. El sonido del móvil cuando te despierta a las 00:00h del día de tu cumpleaños. El olor de tu madre (o tu hermano, o tu abuelo); indefinible, indescriptible, imposible de embotellar. El sabor de un cigarro prohibido en labios ajenos. Que el portero te desee los buenos días cada mañana, sin faltar. Ver cómo un niño se cae y no rompe a llorar hasta que no ve que su madre se ha dado cuenta de que está en el suelo. Comerte una napolitana de chocolate por pura gula. Escuchar un chiste pésimo y reírte a carcajadas. El sonido de las llaves en el descansillo que anticipan la inminente llegada de tu novia. El crujido de las hojas del periódico al pelearte con ellas. Los obscenos piropos de los obreros que te indignan públicamente y te halagan secretamente. Un cotilleo mañanero, con un poco de leche y dos de azúcar por favor. Descubrir a qué huelen las casas de tus amigos según entras por la puerta. Que alguien te pase un hielo con la boca. Encontrarte cincuenta céntimos en la máquina al ir a poner la OTA. Chillar: “¡¡¡¡CHAMPÚUUUU!!!!” cuando estás en la ducha. Enviar mensajes audaces cuando estás de borrachera. Recibir mensajes audaces cuando estás de borrachera.

Todos tenemos en nuestro día a día detalles que nos sacan una sonrisa. Quien diga que la felicidad es un estado absoluto está terriblemente equivocado: eres feliz cuando, incluso a pesar de no tener trabajo, haber roto con la novia o sufrido pérdidas terribles, eres consciente de que, cuando la herida empiece a sanar, volverás a ser capaz de reírte la próxima vez que te eche lastre encima una paloma aviesa.

Paula Zumalacárregui Martínez

Anuncios

15 comentarios

Archivado bajo Ensayo

15 Respuestas a “Pequeñas cosas que hacen que la vida valga la pena

  1. aitorfatale

    Ética para Mónica, podría titularse el ensayo. Si tu hermana está depre suscribo cada palabra, si no -evita que lea este comentario- diría que también existe la tristeza de poder superar cada golpe. O sea, si es verdad, haciendo un alarde de optimismo, que puedes superarlo todo, ¿no es igual de verdad que nada resulta, en el fondo, lo suficientemente importante?

    Está claro que tu tecla se vuelve excepcional en el momento en que empiezas a contar cosas. Tienes facilidad, por no decir talento, para eso.

  2. Gracias, Aitor, por tus comentarios siempre alentadores.

    Este escrito no pretende ser una oda al optimismo a ciegas, en plan “naíf”, sino una oda al “yo” en el mejor sentido de la expresión. No quiero decir que haya que restar importancia a las cosas terribles que nos suceden: lo que hay que tener claro es que uno es más importante, y más fuerte, que esas cosas.

    Mi hermana, por fortuna, está bastante bien, aparte de estar en evaluaciones 😉 Le dedico este texto porque lo escribí pensando en ella.

  3. annelepesenerfs

    Enhorabuena, Paula. Ya podían haber tenido, tanto Aristóteles como Savater, la mitad de gusto y delicadeza que tú has demostrado tener hablando de algo así como la “felicidad”. Tu texto me ha revitalizado, querida. Gracias por compartirlo con nosotros.

  4. enazapatero

    Vaya, Paula, qué alegre… Lo he leído un par de veces para “sentir” todas las sensaciones positivas que evocas. Es el tipo de texto perfecto para leer durante los exámenes. ;D

    • Ese “Vaya, Paula, qué alegre…” me ha sonado totalmente a “Vaya, Paula, qué decepción…” 😉

      Me alegro de haber contribuido a que no te cortes las venas, querida. Deberé leértelo el año que viene, cuando simultanées (“¿simultaqué?”, dijo la secretaria de la Facultad de Letras de la UPV) carreras…

  5. Qué bueno, qué bueno esto que has escrito y que he tenido el placer de leer. Felicidades, de verdad, Paula.

    • Muchas gracias, Ainize. Me halaga sobremanera que el texto te haya tocado tanto como para compartirlo incluso en tu blog personal. Para no repetirme por tercera vez, te lo digo sólo aquí: ¡GRACIAS!

  6. Minade Carbón

    Paula: cada palabra, cada detalle, cada sensación,… PERFECTO.

    He leído tu ensayo esta mañana, con un café y justo antes de salir corriendo para hacer un examen. GRACIAS, porque ha sido una de esas pequeñas cosas que me ha hecho sentir que hoy la vida me valía la pena.

    (Cuándo te nos vienes?)

    • Marina, juraría que ayer te contesté; se me olvidaría darle a “enter”… ¬¬

      Me alegro muchísimo de que te haya gustado y te haya hecho sentir lo que te ha hecho sentir. Y es que ésa era precisamente la intención… Me alegro mucho de haber conseguido transmitíroslo 🙂

      El tuentináin de junio llego a Loiu, tempranito. Allí te espero 😉

  7. Pingback: writings « Just Me

  8. Anderulio

    Me ha encantado, Paula. Enhorabuena. A ver si Ainize avisa de más trabajos tuyos.

    Un abrazo, que valga la pena.

    • Muchas gracias, Anderulio, por leer y por pararte a decir que te ha gustado 🙂 Eres muy bienvenido -como todos, por supuesto- a pasarte por ¡bLaS! siempre que te apetezca, a ver qué se cuece por aquí.

      Otro abrazo para ti.

  9. Pingback: Pequeñas cosas que hacen que la vida valga la pena « (orto)graphías de un autorretrato

  10. Aina

    Hoy era (y digo era porque son ya las ocho y media pasadas) un día en que todo lo veía gris y como mucho un gris-blanquecino, pero nada, era un día como muchos otros, deprimente. Tenia que estudiar y no he hecho casi nada, y a decir verdad no tengo razones para no haberlo hecho. He buscado en internet :”textos que merezcan la pena leer”. Sin duda he ido a parar al lugar idóneo. Gracias por tus palabras, son palabras que hacen verse a una misma reflejada.

  11. qué maravilla descubrirte! Y por pura casualidad borgeana

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s