Archivo mensual: mayo 2010

Migas de galleta


#MICRO-RELATO: Koldo hizo un pulcro montoncito con las migas de Tosta Rica desparramadas y las recogió en la palma de la mano junto con el inidentificable cadáver de un mosquito petrificado. Se había colado en su habitación la noche anterior dando bandazos como si estuviera “puesto”, tratando de suicidarse una y otra vez contra la mugrienta superficie de la mesa de escritorio. Un mosquito “emo” y cocainómano. Pobre bicho. Aunque él había contribuido a aliviar su sufrimiento, no se había molestado en dar sepultura a los restos mortales espachurrados. Por fin descansaba en paz el malhadado insecto en la abollada papelera roja, entre palitos de chupachups de cocacola, condones caducados, chicles y mechones de pelo negro recién lavado. Y, por supuesto, migas de galleta.

Siempre migas de galleta. Porque su vida consistía en recoger migas y migajas y debatirse entre si lamerlas o tirarlas a la abollada papelera roja junto con los diminutos cadáveres de los bichos que, a diferencia de él, tenían los cojones lo suficientemente grandes como para tratar de suicidarse.

Paula Zumalacárregui Martínez

(publicado originalmente en (orto)graphías de un autorretrato)

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De sopa y veronal


#MICRO-RELATO: Siempre viví obsesionada con la idea de encontrar un amor perfecto, maravilloso y eterno. Cuando lo encontré, descubrí que se llamaba David, que era arquitecto y que le encantaba la sopa. Todo era tan perfecto y éramos tan felices que yo SABÍA que no duraría mucho tiempo. Las películas me habían enseñado que los únicos amores que resisten el paso del tiempo son aquellos en los que los amantes mueren en una guerra (guerras mundiales, guerra civil española), desastre natural (meteorito, tornado, volcán, ola gigante, Titanic) o se suicidan juntos. Ante la falta de perspectivas respecto a los dos primeros acontecimientos, ambos llegamos a la conclusión de que lo más acertado sería optar por la tercera opción: un día, nos tomamos dos buenos platos de humeante sopa con una dosis de veronal algo más elevada que la que recomienda la OMS. Y eso fue todo. Ni nos dimos cuenta, apenas. David parecía muy sorprendido, desde luego.

¿Creéis que hice mal, al no consultarle primero?

Ane Zapatero

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Cómo robar a un muerto


#EXPERIMENTACIÓN:

Recetas para sembrar caos y recoger victoria

NORMAS BASADAS EN EL RECUERDO

Paso 1: Debe usted, ante todo, no ser también un muerto.

Paso 2: Dependiendo del tipo de muerto, deberá usted adoptar una serie de medidas para mimetizarse con el entorno.

Medida a) Vístase usted como el cadaver, o parecido. Procure no morir en el intento.

Medida b) Póngase usted al menos a dos tercios del estado tóxico del muerto. Beba, fume. Haga algo. No muera aún.

Paso 3: Adopte una postura indiferente ante cualquier evento que ocurra a su alrededor. Alguien se cae por las escaleras, mire con desdén. Dos personas comienzan a gritarse y a zarandearse, no preste atención. Una joven le pide fuego, no sea usted maleducado y préndala (el fumable que disponga, no a ella ni a sí mismo).

Paso 4: Verifique que usted se ha mimetizado correctamente con el entorno del muerto. Si es el único que opina que el muerto está sobrio y lúcido, puede que ya haya conseguido su objetivo. Si lo único que ve es todo girado 90 grados, puede que haya caído al suelo y no pueda levantarse. Procure permanecer vivo y de pie en todo caso.

Paso 5: Cuando el muerto se retire a sus aposentos, sígalo, sorteando los objetos que se pueda encontrar en el camino. Use para esto su ingenio o su desfachatez. Pise tobillos, tire del pelo, incluso aunque sea totalmente innecesario.

Paso 6: Salude al cadáver. Una vez hecho esto, su presencia allí carecerá de interés, al menos si consiguió un correcto camuflaje. Espere unos minutos y pase a modo ninja.

Corolario al paso 6: El modo ninja puede ser mortal.

Paso 7: Coja la botella más cercana, compruebe su contenido (no beba) y su correcto estado. Una vez que se asegure de haber elegido correctamente, ponga su capa ninja (una chaqueta valdrá) por encima, y salga de allí pegado al techo sin rozar a nadie siquiera.

Paso 8: Celebre la victoria. Se lo merece. Procure no morir en esa celebración, sobre todo si decide llevarla a cabo en modo ninja.

LO QUE EN REALIDAD OCURRIÓ

Jueves a las 10, ya estás completamente borracho.

Tanto, que te crees un moderno y los modernos tienen voz y voto y carecen de empatía.

Babeas en los hombros a las mujeres que se te acercan y que se van siempre con la impresión de que eres un cerdo y un borracho. Más incluso que el muerto. (El muerto sí es de verdad)

Caes al suelo varias veces, cada vez te cuesta más levantarte y sobre todo cada vez te cuesta más ir a la barra.

Empujas a 10 personas para entrar a los camerinos cuando ya te habían invitado a entrar. Nadie parece quejarse de tu falta de modales.

Saludas al cadaver.

Te irrita que no te hagan caso todos con lo moderno e interesante que eres. Decides vengarte.

Ves una botella de ron en una mesa, o eso parece.

Pones la chaqueta por encima: todos te ven hacerlo. Les devuelves la mirada, coges la chaqueta, la botella, y te vas empujando a otras 10 personas por el camino.

Sacas la botella en alto como si fuera un triunfo trascendental en la vida de todos los presentes.

Mueres 2 semanas después haciendo un examen de ética de resaca.

theuc

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OMNIPRESENTE CAPITÁN


#POESÍA:

“El placer de elogiarnos a nosotros mismos…”

Frag. 309.  Libro del desasosiego.

F. Pessoa.

.

A Aitor, por el preciso gusto que le une a la palabra.

.

Estás sobre los vasos del

destierro y los ojos de Narciso

En la absurda reconciliación

de la noche con la vida

.

Estás entre los fascículos

del suplemento dominical

En el albor ensangrentado

de esta sucesión de días

.

Estás en las trincheras

de los clubs de alterne

Silente y forjado como

si de hierro te trataras

.

Lejos del mundo conocido

estás en el reverso del debiera

Y disipado por el aire

está tu aliento destronado

.

Estás en la revolución vespertina

y en el fruto de la uva

Estás colgando en los

abrazos del suicidio

.

Estás en lo que creo

y en lo que recuerdo

Estás en lo que añado

y en lo que omito

.

Estás en la clausura de las horas

y en los incendios coagulados

Estás y desapareces

como polvo en la ceniza

.

Estás sin poder dejar de estar

.

Estás

sólo porque no fui capaz

de escribir los versos

más tristes esta noche

.

Anne -Le Pése-nerfs

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Normas para un museo imaginario


#MICRO-:

“Llegado el momento presente la necesidad de recintos espaciales para la acumulación de obras de arte ha perdido todo sentido”.  Frases como ésta florecían habitualmente orbitando alrededor de su hipotálamo, pero sólo ésta logró un efecto tan incansable en la vida de los hombres corrientes. Se extendió como aquellas ideas célebres que marcan el espíritu de los tiempos. Fue una pandemia imprevista.

Los hombres que al alba decidían caminar y continuar cargando con sus cuerpos se vieron sorprendidos por la inesperada plaga. Allí, en los pasos subterráneos, en las entradas a las fábricas, bajo las cajas de los supermercados aparecían decenas -incluso centenares- de comisarios, de críticos, de observadores y burgueses aburridos que habían sido poseídos por su sentencia. Les esperaban, les etiquetaban, les clasificaban como lo hicieron antes en los museos con sus vetustos catálogos. Ahora todo era arte, incluso ellos. Y no sólo ellos, también sus pasos, sus bailes, sus tristezas desconsoladas y sus absurdos tropiezos. Los catedráticos de estética, guiados por lo que en los momentos futuros sería reconocido como el lema de su tiempo, no pudieron más que morir extasiados ante el paso indiferente de quienes no pudieron comprenderlo.

Rubén Hidalgo

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Amarillo


#RELATO:

Los árboles amarillos que se ven desde su ventana son ahora el centro de su vida: la única cosa segura. Pero el otoño también pasa y de la misma forma en que él, sin darse cuenta, ha ido dejando en su almohada sueños, tiempo, cabellos y una mancha ocre de sudor acumulado, los árboles han dejado caer sus hojas sobre una húmeda almohada vegetal. Así, un día los descubre víctimas de una galopante alopecia.

Decide bajar y recoger cariñosamente la única hoja que, titubeante, pende de una rama oscura. Va a usarla como punto de libro, del libro en el que escribirá su vida. Inventará quién es y confabulará un pasado que merezca la vida serena y tranquila a la que, cree, siempre aspiró.

Pero cuando llega abajo, en pijama y descalzo, ve cómo el viento se lleva volando su hoja que plácidamente, como sonámbula, se va bailando un vals liviano. Él se deja escurrir hasta el pie del árbol, ya vacío y negruzco. Pasado un rato se pregunta qué hace ahí fuera, si tiene frío. Lo intenta, pero ya no se acuerda. Desde que muriera su mujer le viene pasando más a menudo, eso de olvidar lo que estaba haciendo.

Entra de nuevo en casa y saluda al vacío. Sólo se oye el reloj de pared. Junto a él, la rutina se hace un hueco en el sofá.

Minade Carbón

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Pequeñas cosas que hacen que la vida valga la pena


#ENSAYO:

Para Mónica

A veces pasan cosas que nos hacen sufrir. “Así es la vida”, y todos nos sabemos la teoría, aunque nunca hemos cogido apuntes ni nos hemos puesto a memorizarla. Todos sabemos, porque alguien nos lo ha dicho, que la vida son baches y que a veces se está arriba y a veces se está abajo. Más aún: que si a veces se está arriba es precisamente porque a veces se está abajo, y ese estar a ras de suelo -o más abajo aún- es el que marca la diferencia con las altitudes a las que nos eleva la “felicidad”.

Sin embargo, a veces las cosas que pasan en esta vida nos hacen sufrir tanto que caemos en un bache muy profundo, atravesamos el suelo y nos rompemos un par de costillas al caer. Quedamos, maltrechos, a la altura en que los topos cavan a ciegas sus galerías subterráneas. Tratamos de usar nuestros magullados dedos como pezuñas, pero la escalada se presenta demasiado empinada y la madriguera está a oscuras. En la mayoría de los casos habrá gente arriba, en lo alto, sus cabezas perfiladas contra el sol, gritándonos: “¡Rómpete las uñas! ¡No importa! ¡Lo único que importa es salir del hoyo!”. Seguramente nos tiendan cabos, pero estos no serán nunca lo suficientemente largos y saltar para alcanzar el extremo cansa tanto… Y uno, en las tinieblas de la profunda galería, no es capaz de ver esas cosas que hacen que el esfuerzo merezca la pena.

Pero cuando uno logra salir del bache se da cuenta de que en su vida existen muchas de esas pequeñas cosas. Detalles tontos, en la mayoría de los casos. Por ejemplo, los lametones de tu cocker spaniel cuando llegas cansado después del trabajo. El sonido del móvil cuando te despierta a las 00:00h del día de tu cumpleaños. El olor de tu madre (o tu hermano, o tu abuelo); indefinible, indescriptible, imposible de embotellar. El sabor de un cigarro prohibido en labios ajenos. Que el portero te desee los buenos días cada mañana, sin faltar. Ver cómo un niño se cae y no rompe a llorar hasta que no ve que su madre se ha dado cuenta de que está en el suelo. Comerte una napolitana de chocolate por pura gula. Escuchar un chiste pésimo y reírte a carcajadas. El sonido de las llaves en el descansillo que anticipan la inminente llegada de tu novia. El crujido de las hojas del periódico al pelearte con ellas. Los obscenos piropos de los obreros que te indignan públicamente y te halagan secretamente. Un cotilleo mañanero, con un poco de leche y dos de azúcar por favor. Descubrir a qué huelen las casas de tus amigos según entras por la puerta. Que alguien te pase un hielo con la boca. Encontrarte cincuenta céntimos en la máquina al ir a poner la OTA. Chillar: “¡¡¡¡CHAMPÚUUUU!!!!” cuando estás en la ducha. Enviar mensajes audaces cuando estás de borrachera. Recibir mensajes audaces cuando estás de borrachera.

Todos tenemos en nuestro día a día detalles que nos sacan una sonrisa. Quien diga que la felicidad es un estado absoluto está terriblemente equivocado: eres feliz cuando, incluso a pesar de no tener trabajo, haber roto con la novia o sufrido pérdidas terribles, eres consciente de que, cuando la herida empiece a sanar, volverás a ser capaz de reírte la próxima vez que te eche lastre encima una paloma aviesa.

Paula Zumalacárregui Martínez

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